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sábado, 21 de junio de 2014

The Cartoonist: Cartas de Amor.


Vivimos en una época en la que todo es para ahora. Todo es “ya” y no hay más “mañana” que “hoy”. Consumimos cultura como si fueran golosinas. Vemos películas y series, leemos libros y cómics, escuchamos discos y siempre tenemos el cuchillo afilado para degollar al autor en el mismísimo momento en el que terminamos de disfrutar de su obra. Tenemos el Twitter y el Facebook continuamente activado en modo “crítico erudito ON”, y no perdemos más tiempo del necesario en hacer un análisis detallado y exhaustivo de lo que sea que acabamos de contemplar, como si nos quemaran los dedos para teclear en nuestro Smartphone las ya clásicas palabras “sobrevalorado” u “obra maestra absoluta”. No tenemos medio minuto libre para dejarlo reposar en nuestro cerebro, ni mucho menos para analizar los porqués de que esta obra en concreto haya salido así. O de cuál es la historia que hay detrás de lo que acabamos de ver.

“The Cartoonist” nos mete en esas bambalinas de lo que se esconde detrás de las páginas de un tebeo. De lo que ocurre entre las viñetas. A través de él, navegamos a lo largo y ancho de la vida de Jacob y Peter Simmons, padre e hijo a los que el tiempo ha distanciado hasta llegar a ese insalvable punto de no retorno, en el que la muerte hace de las suyas y las primaveras se extinguen sin poder ser recuperadas ni prorrogadas. No es como en “Rosa y Javier” (la anterior y genial obra de Paco Hernández), en la que todavía queda un resquicio de esperanza para la redención, para salvar una relación que parecía insalvable, aunque sea sobre la bocina. Aquí, el tiempo ha pasado y todo lo que queda es un hijo que ya es padre, y que ha de aprender a conocer y comprender al suyo para poder serlo. 


Paco Hernández y Daniel Cardiel nos muestran las vicisitudes de la vida de esta gente que produce estos tebeos que tanto nos gusta leer, venerar y crucificar. Nos relatan la sobrehumana entrega al trabajo que conlleva, las dificultades para poder conciliar vida y trabajo y los sacrificios que se deben hacer por llegar a donde se quiere llegar, y no perder lo que no se quiere perder por el camino. Jacob Simmons puede inspirarse mayormente en Will Eisner (quien realiza un maravilloso cameo), pero en realidad es una amalgama de las trayectorias vitales de muchas personas que admiramos hasta el extremo, y de las que desconocemos por completo lo que han tenido que pasar para poder darte esas páginas que tan rápido devorarás para pasar a las siguientes. 

Pero, sobre todo, lo que representa “The Cartoonist” para el que esto escribe es una carta de amor. Una preciosa carta de amor hacia un medio tan ignorado y despreciado antaño como tan de moda ahora. Paco y Daniel bucean en su historia, nos brindan multitud de pequeños detalles y homenajes que sólo el verdadero amante del mundillo sabrá captar y valorar como lo que realmente son: una reverencia hacia un arte que ha marcado las vidas de muchos, y al que le debemos buena parte de lo que somos hoy en día. “The Cartoonist” hace que quieras seguir leyendo cómics, escribiendo cómics, dibujando cómics o incluso criticando cómics, ¿por qué no? “The Cartoonist” hace que quieras formar parte de ese mundo. Sea como sea. 


En su segunda obra, Paco vuelve a jugar con las historias pequeñas que cuentan una historia mayor. Para ello, recurre como en “Rosa y Javier” a los flashbacks y a diversos personajes secundarios que enriquecen y dan matices a la trama. Sin embargo, en “The Cartoonist”, el guionista sube el nivel, tanto de complejidad como de ambición sin que, a pesar de lo arriesgado del reto, la historia se resienta. De hecho, es difícil separarse del tebeo una vez comenzado, y eso es prueba más que suficiente del buen hacer del escritor. Eso sin contar la que, para mi gusto es la mayor virtud de este autor: sabe llegarte a la fibra sin resultar manipulador. Sin hacer trampas ni hacerlo forzado. Paco trata los sentimientos y las relaciones humanas de tal modo que, aunque a priori puedas temer que se hunda en el pozo de la sensiblería, lo esquiva de manera envidiable. Ya pasaba en su primera obra, con un tema con el que era muy fácil caer en eso, y pasa de nuevo aquí. Y, sinceramente, son pocos los tebeos que han llegado a hacer que se me asome alguna lagrimilla. Sólo los de grandes autores, que ahora mismo son historia del medio. 

¿Y qué decir de Daniel Cardiel? Pues, básicamente, que ya era hora de que alguien le diera la oportunidad de poder lucirse y publicar una obra como ésta. Dani nos regala viñetas para el recuerdo, homenajes, cameos y multitud de detalles que demuestran, no sólo su calidad como artista, sino el mimo y cariño que pone en cada trazo. Sólo espero que pueda volver a gastarme el dinero en algo dibujado por él, porque siempre merecerá la pena. 

Son pocas las obras que destilan tanto amor por un medio hoy en día. Son menos aún las obras que hacen que el tiempo se pare, o que juegue con tus recuerdos a través de los recuerdos de otro. Que queramos que, en esta época de locura y prisas, durante un minuto eterno, las horas no transcurran. Eso es lo que consiguen Paco y Daniel con “The Cartoonist”. Y eso, amigos míos, sólo se puede deber a una cosa. 

Magia. 















 PD: Y, dejando a un lado la reseña, Las Entidades os tenemos que dar las gracias, Paco y Dani, porque, cada viñeta en la que aparecemos Entiman y Entiwoman como personajes, nos enamora el alma. Y que sepáis, entifans todos, que (y perdonadme el spoiler) en este cómic sale el ya celebérrimo símbolo entidoso. Entre otros entiguiños, claro. Vamos, que si ya es compra recomendable, para vosotros es obligada. ¿Estamos? ¡¿Estamos?!







martes, 27 de diciembre de 2011

Midnight Nation: Cuestión de géneros.


Si uno lee el primer capítulo de Midnight Nation, sin saber en absoluto de qué trata, puede pensar que está ante otro cómic policíaco más. Unos crímenes extraños, un protagonista que intenta resolverlos, y que se acerca demasiado … todo dentro de las normas del género. Hasta que llegan las dos últimas páginas, y especialmente la splash page final … y todo se le desmonta por completo. Ese final le golpea a uno en la cara y le hace pensar “maldita sea, pues ha jugado conmigo. Ahora sí que me ha atrapado”.

Sin embargo, si uno se para a intentar explicar el argumento de “Midnight Nation”, también puede dar lugar a error: “Un hombre que lo pierde todo de la noche a la mañana se ve obligado a huir y luchar contra los no-muertos que se cruzan en su camino, para evitar convertirse en uno de ellos y conseguir así la salvación”. No, no estamos ante “Los Muertos Vivientes” de Kirkman. Tampoco ante el “Apocalipsis Z” de Loureiro ni los “28 Días Después” de Danny Boyle. No estamos ante una obra enmarcada en el género zombie … y sin embargo algo de eso tiene.

Hay mucha influencia de religiones y creencias varias y no por ello podríamos catalogar la obra como “de temática religiosa”. Tiene momentos de incipiente romance, momentos de comedia y muchos momentos más propios de una road - movie que de cualquier otra cosa. Instantes y personajes verdaderamente terroríficos y no es para nada una obra de terror. Paisajes de fantasía y no trata en absoluto de eso.

Entonces, ¿de qué trata “Midnight Nation”?


“Midnight Nation” es la historia de David y su viaje en busca de la salvación. Atrapado de manera desafortunada entre dos mundos, deberá dejarse guiar por la ya hastiada y desencantada Laurel antes de que se acabe convirtiendo en lo que más teme. Es una historia que toca diferentes temas y géneros, para salir sorprendentemente airosa en el resultado global. El cómic establece la distinción de dos mundos claramente diferenciados: el de los muertos y los no-muertos. Sin embargo, crea un estado intermedio, una “Nación de la Medianoche”, por la que sólo unos pocos pasan, y en la que David queda atrapado temporalmente, a la espera de ver hacia qué lado se decanta la balanza.

El guión es de J. M. Straczynski, escritor proveniente del mundo de la televisión y el cine, en uno de sus primeros trabajos para el género. Un J.M.S. que en esos momentos todavía gustaba de dar un final coherente y cerrado a sus historias, nos lleva de la mano de David y Laurel a través de una América fantasmal, embarcándonos en un viaje que tiene todas las papeletas para acabar en tragedia desde el mismo punto de partida. El guionista estructura de manera clara y perfecta su historia, dejando cada cabo atado y bien atado, sin que nada quede sin ser resuelto y explicado. De las labores artísticas se encarga un Gary Frank que aquí se marca uno de los mejores trabajos de su carrera, sin ser precisamente una historia que dé para el lucimiento del dibujante. Pocos personajes principales, escasas escenas de acción … y aún así, Frank dota a los personajes de una personalidad y unas emociones que consiguen la máxima empatía por parte del lector cada vez que éstos mantienen una conversación y Straczynski profundiza en sus traumas y problemáticas varias.


Al final, no importa en qué género se puede englobar “Midnight Nation”. Lo único que importa es que son 12 capítulos de una excelente y valiente historia, llevada a cabo por unos autores que volverían a juntarse años después para dar otra nueva joya del género como sería “Supreme Power”. No importa que sea o no un cómic de terror, de amor, de religión o de polis y cacos. Lo único que de verdad importa es lo que debería ser norma y cada vez es más difícil encontrar en un tebeo: que “Midnight Nation” es una magnífica historia que merecía ser contada.


martes, 20 de diciembre de 2011

Top Ten: Canción Triste del Distrito 10.


Eh, tú, chaval: ¿Cansado de las típicas series detectivescas en las que los buenos siempre atrapan a los malos? ¿Aburrido de que todas sean iguales, y ninguna se salga del patrón ya marcado? ¿Acaso no estás hastiado de ver a los típicos protagonistas de buen físico y neurona difusa resolver crímenes más enrevesados que el jaleo que se trae entre manos la dichosa prima de riesgo y demás familiares peligrosos? Tú lo que quieres es algo fresco, ¿verdad? Algo nuevo, divertido, original y dinámico, que consiga sorprenderte de verdad, con giros de guión que tengan un sentido y personas que parezcan personas auténticas y no cyborgs programados para simular sentimientos. Si ese es tu caso, no pases de página, que tengo algo que contarte.

¿Y tú, zagal? ¿No te sientes agotado al leer día sí, día también, cómo se repiten los mismos argumentos en tus tebeos favoritos? ¿ Cómo el bueno pelea contra el malo, pierde pero luego acaba ganando siempre? ¿No te llega a molestar que nunca nadie se atreva a salirse lo más mínimo del esquema? ¿Que alguien tenga el coraje de atreverse a intentar hacer algo diferente? Ni mejor ni peor, sólo distinto. Ya sabía que tú eras de los míos. No te pierdas tampoco, que tengo otra noticia para ti.

¡Muchacha en edad de merecer! ¡Acércate un momento, que quiero contarte una cosa al oído! ¿Tú sabes quién es Alan Moore, verdad? Sí, ya sé que no te llama nada la atención, que es demasiado sesudo para tu gusto. Que no quieres leer más historias de piratas sin sentido que no llevan a ninguna parte. Que ya con Watchmen y V de Vendetta has tenido suficiente como para meditar durante dos vidas. Lo sé, lo sé. Pero, ¿y si te digo que esta vez es diferente?



¿Y si os digo a los tres que la solución a vuestros problemas radica en un mismo lugar? Si buscáis una solución a vuestros problemas, tenéis la comisaría de “Top Ten”. ¿Buscabas nuevos relatos policíacos que se salieran de lo normal? Sí, tendrás casos de asesinatos y violaciones, pero protagonizados por dioses nórdicos o perversos Santa Claus, e investigados por irascibles gigantes azules o perros con cuerpos robóticos. ¿Buscabas novedades en tus tebeos de siempre? Pues aquí tienes grandes historias que, a la vez que innovan y refrescan el mundillo de la historieta, dan con un tono la mar de clásico y agradable. Y sí, ya sé que tú no querías volver a ver a Alan Moore ni en pintura, pero te garantizo que éste no es el Alan Moore del que huyes despavorida. En este tebeo, así como en los otros de su misma línea editorial, el escritor y prestidigitador británico de barbas extremas se dedica a narrar historias vacías de ese sentido de la trascendencia que solía inundar sus textos, para dejarse llevar por un ritmo más frenético y unas historias más pegadas a la calle, dentro de la fantasía que las protagoniza. No en vano hablamos de historias de una comisaria de policía en una ciudad, Neópolis, en la que todos son seres superpoderosos. Sin embargo, eso no les quita ni un ápice de humanidad, ya que también han de pagar una hipoteca, alimentar a sus hijos y llegar a fin de mes. También se enamoran, se desenamoran, se enfadan, se preocupan y sí, se mueren. Moore no trata de venderte la segunda venida de Jesucristo en el Noveno Arte. Para eso ya está Mark Millar. Trata, sencillamente, de hacerte pasar un rato de lectura entretenido y agradable, acompañado por las ilustraciones cargadas de hiperdetallismo que crean para la ocasión Gene Ha y Zander Cannon.

Así pues, prepárate para ver un nuevo mundo a través de los ojos de la recién llegada Robyn Slinger. Un mundo repleto de tramas policíacas diferentes a lo ya visto, en las que puede pasar cualquier cosa. Unas historias muy distintas a lo que cada mes te ofrecen las mismas editoriales de siempre. Un Alan Moore que escribe al extraordinario nivel al que nos tiene acostumbrados pero ciñéndose a la máxima de que, incluso en los pensamientos más profundos y las referencias más metalingüísticas, el cómic es, ante todo, entretenimiento.



No seáis tímidos y pasad al Distrito 10. Pero no miréis mucho al gigante azul, no es muy amistoso que digamos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Cómics para principiantes: El Petirrojo Malquerido.


Tim Sale no lo entendía. Venía de ilustrar los guiones de su buen amigo (y hoy en día defenestrado) Jeph Loeb, una maxiserie heredera en cronología y tono del “Año Uno” de Miller, con un hombre murciélago aún en sus inicios como justiciero y defensor de Gotham City. Una historia típica del guionista, con crímenes y delitos varios llevados a cabo por un misterioso individuo y en la que todos son sospechosos por descabellado que parezca a priori. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurriría con posteriores trabajos del guionista, como en su Hulk o en Batman: Silencio, el desarrollo de la susodicha trama resultaba más que satisfactorio. En “El Largo Halloween”, Loeb se centraba en los pilares básicos del universo del caballero oscuro, y muy especialmente, en la relación personal y profesional entre el triángulo formado por el héroe, el comisario Gordon y el fiscal del distrito, Harvey Dent, empeñados en limpiar su ciudad de la escoria que desde hace años pudre sus calles. Sale se muestra especialmente a gusto ilustrando esta historia de asesinatos, mafiosos y personas que cada día dudan si cruzar la línea moral que se han autoimpuesto para no caer en el mismo pozo de locura en el que se encuentran perturbados como el Joker. Además, Loeb le permite lucirse y dibujar a la plana mayor del universo batmaníaco, desde una juguetona Catwoman, pasando por El Espantapájaros, el Sombrerero Loco, y rematando la jugada con un Harvey Dent que al fin ha sucumbido ante los varapalos que le impiden hacer bien su trabajo. Todo tiene un deliberado tono noir, alejado por completo de la estética “camp” de la teleserie sesentera, que tanto Loeb como Sale parecen disfrutar como enanos al llevar a cabo.



Sin embargo, para el guión de la secuela, el escritor propone incluir en su desarrollo el pilar de la batfamilia que, para bien o para mal, falta en “El Largo Halloween”. En “Victoria Oscura”, que así será titulada, se narrará la aparición de Robin, el colorista y adolescente ayudante de Batman. Y Sale no lo comprende. No lo comprende porque, bajo su punto de vista, Robin sobra en el oscuro universo del héroe, y mucho más si hablamos del tono que Loeb ha utilizado en la primera parte, donde los únicos personajes coloristas son los villanos, mientras que el resto parecen salidos de “Muerte entre las flores”. No hay manera de que en su mente encaje la presencia de un jovenzuelo en mallas rojas revoloteando alrededor del Señor de la Noche. Hasta que llega el guión y entonces, Sale comienza a verlo con otros ojos.

En “Batman: Victoria Oscura”, Jeph Loeb y Tim Sale continúan en el mismo punto en el que acabó “El Largo Halloween”. El héroe debe lidiar con las familias mafiosas que quieren dividirse el pastel dejado por la ya débil familia Maroni, con la revelación de la identidad de “Festivo” (el asesino en serie que asoló la ciudad a lo largo de la historia anterior), pero sobre todo, con la conversión de un buen amigo en un criminal más de su ya extensa galería. A todo esto se sumará la aparición de un nuevo asesino que tiene a la policía de Gotham en el punto de mira, y de un muchacho huérfano llamado Dick Grayson en el que Bruce Wayne se verá irremediablemente reflejado.



La estructura utilizada por el escritor es similar a la empleada en “El Largo Halloween”, pero los objetivos y resultados finales son distintos. Si en la anterior historia, se utilizaba la ola de crímenes de “Festivo” para forzar la relación del trío protagonista, en esta cada uno va por su lado. En “Victoria Oscura”, lo importante es observar cómo cada uno reacciona ante la conversión de Dent en Dos Caras, y cómo la aparición de Robin llega en el momento justo para evitar que Batman no pierda progresivamente su humanidad. En Robin, Bruce ve al niño que un día fue, y al que debe ayudar para que no acabe sumido en una red de venganza que lo llevaría a ser un nuevo criminal más. Tim Sale, en lugar de hacer de Robin una mancha de color inconexa con el resto, aprovecha el contraste que el personaje crea con su mentor y lo usa a su favor, creando imágenes de un poder extraordinario, como las de la escena de la muerte de los padres de Dick. Sale se muestra en esta secuela más inspirado que en la anterior, reforzando uno de los mejores guiones del normalmente vilipendiado Jeph Loeb, quien en esta ocasión teje una trama realmente entretenida. Una secuela a la altura de la original, gracias a la cual muchos podrán comprobar que Robin puede ser un excelente aporte al ambiente urbano de Gotham City si detrás tiene un guionista que sepa cuál es su verdadero papel como escudero del Caballero Oscuro.


PD: No es una vuelta a la normalidad, pero oye, se va intentando, que ya es algo.

sábado, 30 de abril de 2011

La Imposible Patrulla X: Ladrillo a ladrillo


Un buen edificio no puede construirse sobre cimientos endebles. Puedes intentarlo. Puedes conseguir levantar una construcción de la nada con una base inconsistente, pero, a la larga, sabes que se derrumbará. Con el más mínimo imprevisto, con el más minúsculo golpe de viento, todo lo que hayas puesto en pie se irá a pique. Sin embargo, si los primeros ladrillos se colocan con cuidado y cabeza, podrás llevar a buen puerto la más compleja de las construcciones. Podrá tambalearse, pero ni la más intrincada de las estructuras que hayas elucubrado se vendrá abajo.

Cuando los X-Men nacieron en plena vorágine de inspiración creativa de la editorial Marvel, partían de una interesante y prometedora premisa: jóvenes dotados de extraordinarios poderes, pero preseguidos y odiados por su condición de rarezas. Situados en el polo opuesto de los adorados por el público, como los 4 Fantásticos o Los Vengadores, y más próximos al espíritu de marginado social tan propio de Spider-man, los mutantes arrancan con fuerza, liderados por Stan Lee y Jack Kirby. Lamentablemente, poco a poco, la buena premisa se diluye, las ventas no acompañan y el nivel de la colección comienza a descender alarmantemente. Unos pocos años después, la serie cierra momentáneamente, sin que ni tan siquiera leyendas del medio como Roy Thomas o Neal Adams puedan sacarla a flote. No es la colección preferida de ningún autor, por lo que ninguno pone especial empeño en dar lo mejor de sí cuando toca guiar su rumbo. Así pues, se deja en barbecho, esperando el momento oportuno.

Momento que llega en 1975. Aprovechando un movimiento de expansión de la empresa hacia mercados extranjeros, los editores, con Thomas al frente, deciden relanzar la colección con un nuevo y multirracial equipo de mutantes. Un canadiense, un alemán, una africana, un ruso, un irlandés … Nada de miembros puramente norteamericanos. Todo el plantel antiguo se descarta por completo y se construye a partir de material nuevo y fresco. Es en un especial titulado Giant Size X-Men 1, llevado a cabo con pulso maestro por Len Wein y Dave Cockrum, en el que se asientan las bases de lo que está por venir. De la nueva colección que se construye a partir de los escombros de un intento fallido. De la franquicia que, con el paso de los años, se convertirá en el buque insignia de Marvel.

Wein durará apenas un número al frente. Será un jovencito y veinteañero guionista procedente de la pérfida Albión el que se encargue de tomar las riendas de semejante proyecto. No tiene nada que perder y mucho que ganar: si fracasa, lo hará en una colección que no interesa a nadie. Si triunfa, habrá llevado a los mutantes a donde ningún otro escritor de los que le precedieron en el cargo pudo. Así, Chris Claremont, de manera lenta pero con paso firme, afianza las bases de lo que él quiere que sea su Patrulla X, dotando a cada personaje de las características que le permitan crear interesantes interacciones, y abriendo puertas y subtramas que, al estar tan firmemente construidas y cimentadas , dan lugar a resoluciones que marcan a fuego la historia del medio. Nada es improvisado, todo se va levantando e intrincando de manera progresiva, hasta que el escritor dé con el momento exacto con el que derribar el castillo de naipes. No se trata tampoco de ignorar todo lo antiguo, sino de ser selectivo y elegir lo más conveniente para la historia que se pretende contar. De ahí que, aunque en un principio parezca que las intenciones son de realizar un arrollador borrón y cuenta nueva, la realidad es que personajes de la vieja guardia, como Charles Xavier, Cíclope, Magneto o Jean Grey se tornarán como piezas clave del puzzle mutante que escribe el maquinador inglés.

Estos cimientos son los que Panini acaba de recopilar en un tomo que recoge los primeros años de la conocida cono “Segunda Génesis”, los tebeos con los que dos autores novatos llamados Chris Claremont y John Byrne comenzaron a dejar una huella imborrable en el Noveno Arte. Los tebeos en los que se establece la carismática personalidad de Lobezno, el papel de líder de un Cíclope marcado para ello, el retorno de viejos enemigos y el debut de otros tantos, el progresivo cambio de actitud de Jean Grey, o la creación de una dinámica de grupo repleta de tensiones y desconfianzas. Los pilares básicos sobre los que se ha construido la actual mitología mutante.


Porque, la primera piedra fue puesta en 1963. Pero los verdaderos cimientos sólidos, sobre los que se sustentan días de futuros pasados, fuegos y vidas encarnadas, imperios shi'ar y dioses que aman u hombres que matan , se colocan en estas viñetas. Y, si de verdad queréis ver el resto del edificio, no podéis empezar por el tejado, ¿verdad?



viernes, 25 de marzo de 2011

El Inmortal Fuego de una Fénix Oscura



Varios eran los objetivos que nosotros, Las Entidades, revolucionarios y envidiados blogueros de aquestos mundos weberos, nos propusimos a la hora de comenzar esta homérica andadura bitacoril. Algunas (la mayoría) se han conseguido. Otras se resisten. Una de ellas será nuestra asignatura a mejorar a lo largo de todo este 2011.

Objetivos a cumplir:

- Conquista del mundo: casi hecho. Falta lo que viene siendo Asia, porque en América tenemos fieles acérrimos que defienden nuestro credo. Oceanía no es problema, los ornitorrincos nos deben un favor. África está a tiro de piedra de la Entisede. Y Europa ... Europa es nuestro bastión. Nuestro centro de mando. El lugar en el que reside nuestra fuerza y nuestro mayor número de bases de operaciones. En Italia (Entigirl acaba de de regresar de la bella Firenza, hace ná), en Francia, en la Península Ibérica ... Preparados y dispuestos para lo que acontezca.

- Conseguir que alguien comente algún post: hecho.

- Lluvia de piropos, parabienes y dinero: menos por lo último, hecho.

- Conseguir que Chuck Norris nos escriba un texto: en trámites.

- Aparecer citados en El Blog de Jotacé: hecho.

- Organizar Enti-Quedadas: hecho. Y semi-entiquedadas también.

- Tratar temas frikis en profundidad: Es algo que hemos tocado, pero que siempre nos ha quedado la espinita clavada de poder profundizar más en ellos,y no haberlo hecho por el mero hecho del noble arte del ganduleo. Especialmente, ya que el público del blog es amplio y de gustos diversos, enfocándolo desde el punto de vista del lector de cómics ocasional que apenas compra un par al año, y quiere que esos tebeos que compra merezcan la pena. No en vano creamos el "mes friki", el cual podría repetirse algún día, si los hados acompañan. Y una sección llamada "Cómics para principiantes" que pretendía llenar ese hueco. Sección que ha gozado de muy pocas entregas, así que, como propósito de año nuevo intentaremos retomar de nuevo dicha sección, y tratar más a menudo temáticas relacionadas con el mundo pijamero y viñetístico en general. Y ¿qué mejor manera de retomarla que con una reseña ganadora de un premio? En concreto, dos: dos cómics que ya gobiernan la Enti-Estantería: La Segunda Guerra de las Armaduras (Iron Man) y La Saga de Fénix Oscura. Y, como no podía ser menos, es la propia fénix oscura (Darkie o Entiwoman para los amigos) la que se encarga de reseñar esta mítica saga, mediante un texto premiado por los chicos de Zona Negativa. ¡Disfrutadlo, que merece la pena! ¡Y el cómic más todavía!


“El Fénix es un ave igual a los dioses celestes, que compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, y vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No sacia su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna”

Claudio Claudiano

De ninguna manera podían llegar a imaginar unos jóvenes Chris Claremont y John Byrne que, en aquel verano de 1980, los que hasta entonces eran los autores revelación del momento, los que se habían hecho cargo de una colección moribunda para insuflarle nuevos y refrescantes aires de cambio, iban a convertirse de la noche a la mañana, en autores clave del medio, y la historia que acababan de dar por terminada, en pieza clave y referencia para todos aquellos tebeos que aún estaban por llegar a lo largo de la próxima década.

Han sido muchas las muertes que ha visto el universo Marvel a lo largo de su historia, especialmente de féminas célebres, como Elektra o Gwen Stacy. Sin embargo, ninguna dejó en el medio tanta huella como lo hizo en su momento la que se produce al finalizar “La Saga de Fénix Oscura”. No sólo por la muerte en sí, sino por la extraordinaria cadena de acontecimientos que acaban conduciendo a ésta. Claremont desarrolló, a lo largo de un buen número de episodios, un enrevesado puzzle, un castillo de naipes construido a base de pequeños detalles y cabos sueltos que, llegados al Uncanny X-Men 135, explotan en la cara del lector para hacerle ver que, en esta ocasión, es imposible el final feliz.

“La Saga de Fénix Oscura” nos narra el particular descenso de Jean Grey a los infiernos. De cómo los X- Men, un grupo compuesto por rarezas, seres marginados y atormentados, deben hacer frente a uno de ellos suyos. No un mutante, sino un ser querido, una compañera y amiga que ha sido corrompida por un poder imposible de controlar. Los mutantes se ven inmersos en esta ocasión en la mayor epopeya que jamás hayan vivido, alcanzando niveles cósmicos al llegar al final. El destino de varios universos estará en sus manos, pero el precio a pagar por salvarlos será demasiado elevado.

Claremont alcanza con esta historia su cénit como guionista. Después de cinco años probando y jugando con las teclas de la colección, es en estos momentos cuando la hace verdaderamente suya y sabe exactamente qué rumbo tomar para dejar al lector siempre con ganas de más. “La Saga de Fénix Oscura” se convierte, además, en el modelo a seguir por su escritor a partir de ese momento, pues se trata, sin lugar a dudas, de la mejor historia que jamás han vivido y vivirán los mutantes, y en ella reside la esquiva clave del éxito. Un perfecto tratamiento y desarrollo de los personajes, un control absoluto del tempo narrativo, algo de suerte y, no podemos olvidar, un dibujo a la altura. Porque si Claremont alcanza aquí la gloria, otro tanto ocurre con el canadiense John Byrne, un dibujante que, a pesar de desarrollar excelentes trabajos posteriormente, como “Días del Futuro Pasado”, “Los 4 Fantásticos” o “El Hombre de Acero”, jamás llegará a rozar el nivel que demuestra en estos números, en los que nos deja a la mejor Jean Grey jamás dibujada, y viñetas que han pasado a la historia, como la que protagoniza un Lobezno sediento de venganza al final del número 132. Un tándem creativo, el de Claremont y Byrne, que si ya forma parte de la historia del noveno arte es, en gran medida, por estos nueve números cargados de épica y dramatismo made in Marvel.

Después vendrían resurrecciones, clones, hijos, bodas y, de nuevo, fuego y muerte. Pero eso no cambia un ápice del valor de una historia como “La Saga de Fénix Oscura”. Una saga por al que jamás pasará el tiempo. Una saga que, como no podía ser de otro modo, es verdaderamente inmortal.





PD: Para los interesados en adquirir la saga aquí mencionada, Panini la ha reditado hace bien poco dentro de su coleccionable "Héroes Marvel", al módico precio de 10 euros y con la portada que adjuntamos. Si después de leer esto, no te entran ganas de leerlo, no tienes alma.

miércoles, 11 de marzo de 2009

BATMAN, por Las Entidades


Junto con Superman, el otro gran icono de DC por excelencia, aunque por tono y modus operandi sea justamente su antítesis. Donde Supes es heroico, luminoso y sensible (un señor que llora si no comentas debe ser extremadamente sensible), Bats es astuto, realista y oscuro. Juega con el miedo de sus oponentes, y presume de ser “el mejor detective del mundo”… dependiendo siempre del guionista que toque. ¿Cómo? ¿Que te interesa más el bueno de Bruce Wayne que el buenazo de Clark? ¿Qué quieres empezar a adentrarte en su tenebroso mundillo? Pasa, pasa entonces y descubre nuestras recomendaciones para todo aquel que quiera profundizar en la mitología del hombre murciélago.

Lo mejor para alguien que no tenga ni repajolera idea sobre Bruce Wayne, y simplemente quiera leer algo del personaje que tanto le ha intrigado serían los recientemente publicados por Planeta “Batman: Black & White”.

“Batman: Black & White” es una antología de historias cortas llevadas a cabo por algunos de los mejores talentos de la industria comiquera. Desde autores más indies como Paul Pope o Paul Grist a grandes conocedores del Caballero Oscuro, como Denny O’Neil o Ed Brubaker. Desde clásicos como Joe Kubert o Richard Corben a artistazos como Alex Ross, Gary Gianni, Enrique Breccia o Bill Sienkiewicz. Tres tomos recientemente publicados por Planeta DeAgostini que rondan entre los 12 y los 17 euros, repletos de historias cortas que exploran la mitología del atormentado personaje. Algunas tiran más hacia su vertiente pop (John Byrne, Dave Gibbons…), otros experimentan saliéndose un poco de lo habitual (Neil Gaiman, Brian Bolland, Ann Nocenti, Walter Simonson…), alguno ahonda en su estupenda relación con menores de edad (!!) (Chris Claremont), otros entran sin pensárselo en la parodia (Ty Templeton y Marie Severin, Kyle Baker…) la mayoría realizan historias normalitas que intentan explorar el mito (Matt Wagner Kelley Puckett, Steven T. Seagle, Warren Ellis, Brian Azzarello…) e incluso hallamos alguna obra maestra (“Tal Para Cual” de Bruce Timm, nunca se contó tanto y tan bien sobre Dos Caras en tan poco espacio). En resumen, tres tomos para los que no hace falta ser un experto en la materia, pero que igual pican tu curiosidad y te desvían hacia objetivos mayores. Y si no, igualmente tendrás una antología de autores y dibujantes de primer nivel del noveno arte recogidos en pocas páginas (Mike Mignola, Frank Miller, Mike Kaluta, Barry Windsor Smith, Neal Adams, John Buscema, Gene Colan, Eduardo Risso, Howard Chaykin, Darwin Cooke…). Ideal para principiantes.

¿Algo con más sustancia? Entonces da el paso y ve a por uno de los mejores tebeos que jamás se han publicado. “Batman: Año Uno” narra los inicios de un Batman principiante, que todavía no es el Señor de la Noche respetado y temido, sino simplemente una leyenda urbana que nadie cree que exista. Es el retrato de una Gotham City podrida hasta la médula, como jamás lo ha estado. De un policía honesto que llega a la ciudad para intentar no verse corrompido, y que deberá buscar amistad en quien menos lo espera: un perturbado que cree poder cambiar las cosas vestido de rata voladora. Frank Miller y David Mazzuchelli definen en tan sólo cuatro capítulos la esencia misma del personaje, su origen y motivaciones. Comprendemos a Bruce Wayne y por qué decide emprender su cruzada contra el crimen. Nos identificamos con Gordon, siempre intentando hacer lo correcto aunque no siempre lo consiga. Vemos los primeros pasos de un insistente fiscal del distrito que comparte objetivos con ambos, aunque el destino le reserve una mala jugada. Uno de esos cómics que debería ser indispensable en cualquier tebeoteca. Y además, en cuanto a ediciones hay donde elegir: desde la antigua y manejable edición de Norma, pasando por el primer y barato (1 euro) número del primer coleccionable de Batman, hasta la edición más reciente de Planeta de Agostini, tamaño familiar y mucho más cara. Y si te apetece saber cómo podría continuar cronológicamente la trama aquí planteada, también son recomendables “El Largo Halloween” y “Victoria Oscura”, del tándem formado por Jeph Loeb y Tim Sale, que exploran la relación entre Gordon, Dent y Bats, así como el nacimiento de Dos Caras o Robin. Ambos han sido reeditados recientemente, por cierto.

¿Te intriga la visión de Frank Miller sobre el murciélago? Entonces toca una lectura más compleja, alabada y crepuscular. “El Regreso Del Señor de la Noche” o “El Retorno del Caballero Oscuro”, depende la edición que compres. En esta historia Miller pasa de los comienzos de “Año Uno” a contar las andanzas de un Bruce Wayne retirado, hastiado de ser Batman, en un mundo que necesita de nuevo a alguien que lo saque de la inmundicia en la que se ha sumergido. Es un Batman más radical, cínico y experimentado, pero igual de atormentado y concienciado con la causa. Un Bruce Wayne que descubre cuán imposible es escapar de su destino. Un guión complejo, lleno de momentos memorables y crítica política, y una narración fluida, caracterizada por la brusquedad del trazo en el dibujo de Miller, las densas tintas de Klaus Janson y los colores de Lynn Varley. “El Retorno del Caballero Oscuro” (DK para los amigos) es uno de los mejores trabajos de Miller, sobre todo en cuanto a guión. Un cómic que, junto a “Watchmen”, cambió en los 80 la manera de enfocar los tebeos, volviéndolos más oscuros y violentos, una herencia que todavía perdura hoy en día, aunque muchos tiendan a tergiversarla. Junto con “Año Uno”, la obra imprescindible de Batman, una auténtica joya. No así, su secuela, “El Contraataque del Caballero Oscuro”, surrealismo en estado puro.

Si con eso no te basta, puedes probar a hincarle el diente a dos trabajos igualmente recomendables. El primero, “La Broma Asesina”, está considerado por muchos como la historia definitiva del Joker, aunque más bien debería considerarse la reflexión definitiva sobre su relación con Batman. En pocas páginas, el afamado guionista Alan Moore (V de Vendetta, Watchmen…) y el realista dibujante británico Brian Bolland diseccionan la psique del Joker, y ponen al héroe al límite, forzando su sentido de la moralidad y el deber cuando sus amigos son atacados sin piedad por el Príncipe del Crimen. Una obra polémica para muchos, ya que ahonda en los orígenes del risueño enemigo, a todas luces innecesario. Algo que, por otra parte, Moore nunca da por oficial, sino que puede ser simple fantasía de la destrozada mente del personaje. En cualquier caso, una obra más que recomendable, con el mejor Joker de cuantos ha habido (Heath Ledgers aparte), y viñetas tan escalofriantes como las relacionadas con su nacimiento como archienemigo desquiciado del héroe. Como la otra cara de la moneda. Se dice que este año Planeta DeAgostini reeditará esta obra, así que estad atentos.

El segundo destaca sobre todo a nivel artístico. “Arkham Asylum” es un tétrico descenso a los infiernos por parte de Batman, quien deberá adentrarse en Arkham, donde todos sus enemigos le esperan para darle caza, y donde deberá afrontar sus eternos fantasmas personales. Mientras, se nos muestra la atormentada existencia del creador de Arkham, y su caída en las profundidades de la locura, una locura de la que Bats intenta escapar a toda costa. Plagada de momentos impactantes y tenebrosos, “Arkham Asylum” no sería lo que es si no fuera por el inmenso arte de Dave McKean, que hace de cada página una obra digna de exposición, empleando todo tipo de técnicas y aprovechando el onírico mundo que le proporciona un comedido pero excelente Grant Morrison. El escritor pone a disposición de McKean un mundo de pesadilla, plagado de criaturas enfermizas (nunca el Joker dio tanto miedo) y momentos en los que realidad y fantasía se mezclan de manera sangrienta. Sólo por su arte ya debería ser compra obligada. Recomendable la reciente edición Absolute, que cuenta con bocetos y el guión completo de la obra.

PD: Entiman desde la distancia le dedica este post en especial (no por ser de Batman, sino porque el día cuadra que da gusto, oye) a la Entimadre, ya que hoy, 11 de marzo es su connotación (jijiji) y este es el primer año en el que servidor no está ahí celebrándolo. ¡Un beso mu gordo desde Seregno, sus echo de menos, guárdenme un trozo de tarta, gordos! ¡Espero que sea de las clásicas de chocolate, nada de experimentos raros!

PD 2: Dedicarselo también, ya que estamos, al señor Osukaru, que hace unos días días ha estrenado dígito y, para evitar posibles depresiones, intentamos hacer dede aquí lo máximo posible para animarle semejante hazaña. ¡Feliz connotación, señor samurai!

PD 3: Y por último, pero no menos importante, Entiman también se lo dedica a una señorita que se suma a la epidemia cumpleañera. La poetisa del silencio, entifan silenciosa que siempre lee y nunca comenta, a la que servidor echa de menos. No diré más, que luego todo se sabe y empiezan los enti-cotilleos. Sólo que ojalá que mañana te lo pases bien, y que no te vuelvas demasiado loca. ¡Un bacio milanés muy grande!


lunes, 9 de marzo de 2009

El Daredevil de Frank Miller a través de sus personajes, por Fer1980



Una de las grandezas de la etapa de Frank Miller en Daredevil es la multitud de puntos de vista desde la que se pude enfocar: como un comic de género negro, como una trágica historia de amor, como un manual sobre narrativa.....de todas formas uno de lo más interesantes puntos de vista analizar la etapa a través de los personajes que componen el drama, no son muchos, pero a través de ellos se puede ver la obra de Miller desde una óptica muy interesante.

Las dos etapas de Frank Miller al frente de la colección comprenden los números USA Daredevil volumen I 158-161, 163-191, 219 y 226-233, de estos el autor americano dibujaría los números 158-161, 163-184 y 191, el resto serían realizados a los lápices por Klaus Janson (185-190), John Buscema (219), y David Mazzuchelli (226-233); estos comics en España han contado con diversas ediciones de hecho Panini esta recuperando la etapa en su lujosa (y carísima) línea Best of Marvel, pero tal vez la forma más sencilla de hacerse con esta etapa sea el coleccionable de 25 entregas que en su día saco Forum con motivo del estreno de la película del cuernecitos, un coleccionable muy completo que comprende todos estos números, más la etapa de Denny O´Neil al frente de la colección así como interesantes extras; a lo largo de este post nos centraremos en la primera etapa del autor al frente del personaje (158-161, 163-191), dado su carácter definitorio del mismo.

Entrando en la etapa en si, Miller llego a la colección como un terremoto, dispuesto a comerse el mundo casi desde el principio el autor americano demostró desde el primer momento que era un dibujante especial, con un dominio de la narrativa apabullante, y claramente influenciado por genios como Neal Adams, Jim Steranko y sobre todo Will Eisner, Miller no dudo en ningún momento en desafiar los limites tradicionales del género, rompiendo una y otra vez la clásica estructura en seis viñetas y jugando con la narración gestual como pocos autores antes lo habían hecho, a esto pronto se unirían influencias del comic japonés y en menor mediada del europeo.

Su asalto creativo se produjo además en una colección propicia para ello, Daredevil, un personaje de un poderío visual indudable (sobre todo desde que cayera en manos de Gene Colan que con su dominio de las luces y sombras anticipo en sus dibujos el potencial del personaje para el género negro), llevaba casi desde el principio lastrado por un origen confuso, lleno de contradicciones y muy poco sólido y por una caracterización demasiado simplista que hacían de él poco más que un Spiderman de segunda, esto no impidió que el personaje tuviera buenas etapas antes de la llegada de Miller (ya que además de al excelencia gráfica que siempre acompaño a la colección, guionistas como Roy Thomas o Marv Wolfman, firmaron buenos comics con el personaje), pero sin embargo si impedía que el personaje encontrara su propia voz, su tono, su “algo” que le diferenciara del resto del Universo Marvel; estando así las cosas y con la colección al borde al cancelación (ya era bimestral por entonces), la llegada de Miller suponía plena libertad creativa para hacer y deshacer a su antojo, siempre y cuando se librara de Roger McKenzie a la sazón guionista más que competente del personaje por entonces y con el que Miller pronto tendría una ardua disputa obligando al editor a elegir entre uno u otro, la elección fue obvia y resultado no admite discusión posible.

Libre del lastre (no era cosa de McKenzie, hubiera pasado lo mimo con cualquier otro guionista) que suponía trabajar con los guiones de otro, Miller iniciaría su etapa en solitario (siempre con las sólidas tintas de Klaus Janson) en el Daredevil 165, un número mítico, homenaje a la primera aparición de la Sand Saref del Spiriti de Eisner, y donde veríamos por primera vez a Elektra, el primer amor de Matt, tornada ahora en peligrosa asesina.


Tras este espectacular debut, Miller se centro en dotar de más profundidad al personaje, sus contradicciones antaño un lastre se tornaban ahora en elemento impulsor de la personalidad del personaje, un personalidad compleja, siempre al borde de la esquizofrenia (el católico que se viste de diablo, el abogado que a la vez es justiciero) y muy condicionada por la figura de su padre, por el que se convirtió en abogado, por el que se hizo justiciero, y por el oculta su rostro tras una mascara, y es que de nuevo en curioso dilema, el Murdock de Miller es un personaje que oculta su rostro tras una mascara cuando recurre a la violencia, lo que en cierta forma le permite mantener la promesa que le hizo a su difunto padre (“nunca uses los puños, hijo, nunca uses los puños”), ya que no es Matt quien recurre al violencia sino Daredevil (de nuevo la esquizofrenia), mientras que por otro lado es cuando se transforma en Daredevil cuando realmente se siente libre, cuando puede hacer lo que en realidad quiere (la rebeldía adolescentes escondida bajo un traje de diablo).

Miller decidido a transformar (que no traicionar) al personaje para hacerlo suyo, recurrió para ello a muy pocos personajes secundarios, que ayudaron a entender el tipo de personaje que el autor quería escribir, por un lado, decido a acabar con la endeblez de su origen e influenciado por sus primeras lecturas del comic japonés, Miller introdujo la figura de Stick, un peculiar sesei que habría entrenado a Matt durante sus primeros años; Stick líder de una Casta pretendía convertir a Matt en un soldado de la misma para contribuir a su eterna lucha contra la Mano, una secta de ninjas asesinos y adoradores de un diablo conocido como la Bestia al que pretendían traer de vuelta a la Tierra, con la figura de Stick, Miller cuestiono el origen del personaje insinuando que sus poderes más allá del socorrido accidente radiactivo, estaban en cierta medida predestinados al ser Murdock uno de los pocos “elegidos” de su generación, de esta forma y sin contradecir nada, Miller profundizaba en las raíces del personaje y lo enriquecía. 

Siguiendo con los personajes secundarios, mucha más relevancia tendría Elektra, personaje catalizador de la etapa, y que llegaría a igualar en popularidad al cuernecitos, Elektra, concebida para dar al personaje una novia a su altura, suponía una contradicción más en la vida de Matt, transformada en despiadada asesina a sueldo, Matt sabe que debe detenerla, pero enamorado de ella se vera incapaz de hacerlo, ante esta disyuntiva, el delicado equilibrio mental del personaje se verá en peligro de nuevo para ser destrozado cuando Elektra encuentre su fin a manos de Bullseye uno de los mayores enemigos de Daredevil, esta muerte terminara por desequilibrar al personaje y le llevara a cerrar el viaje emprendido en esta etapa, de personaje optimista y alegre, a ser trágico, torturado y siempre al borde del desequilibrio mental.



Y ya que hemos mencionado a Bullseye, el personaje (otra de las claves de la etapa) concebido durante la etapa de Marv Wolfman, sufrirá un proceso parecido al de nuestro héroe, ya que Miller lo tomo como propio y lo moldeo para que se adaptara a sus necesidades, de nuevo en una evolución lógica y brillante; el Bullseye que nos dibuja Miller, es un enfermizo asesino obsesionado con Daredevil y sus continuas derrotas frente a él, la obsesión alcanzará tintes trágicos, después de que Daredevil le salvara la vida, este acto traería graves y trascendentes consecuencias, por un lado la obsesión de Bullseye no haría si no aumentar ante lo que considera una cruel jugada del destino, y por otro haría que Daredevil se sintiera directamente responsable de cada muerte que causase el asesino desde ese momento, lo que se sumaría al enorme lastre emocional que el personaje arrastraría toda la etapa, el conflicto tendría dos puntos culminantes, el asesinato de Elektra por Bullseye (en una muerte de claro contenido sexual, y que no se como los censores dejaron pasar, en fin menos mal que así fue por que sin duda es una de las escenas más míticas no solo del personaje si no de toda Marvel), y el Daredevil 191, el maravilloso “Ruleta”, y que supuso la primera despedida del autor para con el personaje; entrando en al muerte de Elektra, la plasmación más clara del anteriormente mencionado viaje emprendido por el personaje sería el posterior enfrentamiento de los dos antagonistas, Daredevil pasa de salvar la vida a Bullseye, a dejarle caer desde treinta metros de altura hacía una muerte segura, el que Bullseye no muriera y “solo” quedara parapléjico, es circunstancial, las intenciones eran claras, las consecuencias también; consecuencias que veríamos en “Ruleta”, comic que supone el último número de Miller en esta etapa y la primera colaboración con la colorista Lynn Varley, con la que más tarde desarrollaría trabajos increíbles como DK, Ronin, Elekra Lives Again o 300, el comic es un punto culminante de todo lo que Miller había venido contando y podría haber supuesto el final (triste y descorazonador, pero final en cualquier caso) perfecto a la trayectoria del personaje, un comic que reflexiona sobre el papel del héroe, sobre si combate o enseña la violencia, sobre que le diferencia de Bullseye, solo para concluir que en realidad son dos caras de la misma de la moneda, todo ello mostrado a través del macabro juego de la ruleta rusa, al que Daredevil se somete junto con Bullseye..para mostrar que al final, cuando puede marcar la diferencia, cuando puede hacer algo distinto, su pistola no tiene balas.

Caso parecido, pero distinto es el de Kingpin, y es que sin con Bullseye tenemos la némesis física del personaje, con Fisk nos encontramos con la némesis intelectual, de nuevo y de similar manera a lo que sucediera con Daredevil o Bullseye, Miller coge un personaje ajeno y lo transforma de manera brillante para que se adapte a sus planes.

Richard “Kingpin” Fisk, era uno de los numerosos mafiosos surgidos del Spiderman de Lee y Romita Sr., concebido como una enorme masa de carne capaz de desafiar físicamente al mismísimo Spiderman, nunca paso de ser un mafioso de segunda, de imponente aspecto físico y poco más, sin embargo en manos de Miller, Fisk se convirtió en el mal mismo, el mal inalcanzable intocable y con el que apenas si se podía luchar, protegido por una maraña de negocios presuntamente legales, combatir físicamente a Fisk no era si no una perdida de tiempo que solo acarrea frustraciones y problemas (no en vano Fisk es a todos los efectos un ciudadano honrado), y tratar de demostrar su culpabilidad era cuando menos una tarea inabarcable, así Daredevil se verá obligado casi desde el principio a pactar con el diablo para obtener pirricas victorias que no harán si no que sumar lastre emocional a su ya desequilibrada psique, además la única victoria que consigue frente al Rey del crimen, le cuesta un pedazo de su alma (y desencadena los acontecimientos que llevarían a la muerte de Elektra), cuando usa a Vanessa esposa de Fisk como moneda de cambio para que este retire a su corrupto candidato a la alcaldía, así, la ominosa presencia de Fisk será una constante en toda la etapa, y aunque el duelo entre ambos no alanzaría su final (al menos en lo que a Miller respecta) hasta Born Again, es aquí cuando se sientan las bases de lo que allí podemos ver.

Quedaría para culminar este repaso, mencionar la figura de Foggy Nelson, personaje que junto a Turk supondrían un alivio humorístico ante tanta oscuridad, sin embargo el papel de Foggy iría mucho más allá, su figura ayudaría al menos en parte a equilibrar a Matt, su presencia sería uno de los pocos apoyos con los que podía contar para no terminar de autodestruirse, así su papel de contrapeso, hacen de Foggy otro personaje importante para comprender el camino recorrido por Matt durante esta etapa.

En fin, una etapa sobresaliente con multitud de interpretaciones, lo mejor es leerla por uno mismo y sacar tus propias conclusiones, sea como sea estamos ante una etapa fundamental no solo del personaje o de Marvel, incluso no solo del género de superhéroes, estamos ante una obra clave del comic como medio de expresión.

miércoles, 4 de marzo de 2009

SUPERMAN, por Conner Kent

En primer lugar quiero dar las gracias a nuestras amas y señoras Entidades por haber confiado en mí una tarea que muchos otros hubieran realizado mejor, y más rápido XDD. Allá vosotras, aunque no por ello he desechado la oferta puesto que si de algo me gusta hablar es de comics, y si son de Superman ya ni te cuento.

Os voy a recomendar lo que para mí son las tres mejores lecturas, no fundamentales, pero sí gratificantes en todos los sentidos: dibujo, lectura, entretenimiento. Con ello simplemente quiero constatar un hecho que muchos de los seguidores de este personaje llevamos arrastrando años: el maltrato que sufre guión tras guión y lectura tras lectura. No puede ser que el, en teoría, pers
onaje estrella de DC tenga unos altibajos tan tremendos que en la mayoría de ocasiones no rocen ni el notable, siendo generosos por supuesto.

De ahí que cuando se hace un buen cómic de dicho superhéroe se haga eco en todas partes. Y éste va a ser uno de esos lugares. No sólo porque hablemos bien del personaje sino porque os voy a recomendar tres lecturas a través de las cuales vais a poder disfrutar de sus aventuras aunque no lo hayáis seguido.

Superman: Identidad Secreta.
Edición original: Superman: Secret Identity (enero / abril de 2004); DC Comics.
Edición España: junio de 2005; Planeta DeAgostini Comics.
Guión: Kurt Busiek.
Dibujo, entintado y color: S
tuart Immonen.
Formato: tomo recopilatorio de 208 págs.
Precio: 12 €.
Fuentes: Zona Negativa

Calificada por muchos (entre ellos yo mismo) de obra maestra, nos narra la increíble historia del único hijo de la familia Kent cuyos padres decidieron llaman Clark. Imaginar el cachondeo en el instituto, con los amigos, la familia, los constantes regalos de trajes de Superman cada navidad… Hasta ahí bien, sino fuera porque un día que Clark va a acampar al bosque despierta flotando sobre él. Descubre que de la noche a la mañana tiene los mismos poderes que el Superman que ha conocido a través de los comics books, y no sólo eso, también aprenderá que para llegar a ser un auténtico super hombre debe poner la vida por encima de todo lo demás.

Con un dibujo más que apropiado, Immonen consigue esa mezcla de realidad y ficción que nos quiere presentar el autor, en un mundo donde Superman es tan sólo un comic y una idea para llevarnos de la mano hasta su objetivo final: el hombre de hacer es más que un puñado de superpoderes. La historia tiene de todo: sus momentos románticos, de humor e incluso crueles, que a más de uno pondrán la piel de gallina. 

Ah, y olvidad la idea de que se podía haber escrito una historia similar sobre cualquier otro superhéroe, a medida que avancéis en la lectura veréis que sólo Superman puede afrontar lo que se le viene encima.




SUPERMAN: PAZ EN LA TIERRA 
Guión: Paul Dini
Dibujo, entintado y color: Alex Ross
Formato: 64 páginas
Precio: 1.250 pesetas de la época, vete a saber tú ahora

Fue precisamente con este cómic con el que descubrí al maestro Alex Ross, porque hay que llamarlo maestro. Imaginad un guionista que es capaz de transportar cualquier fantasía superheroica hasta nuestros días y, además, acompañado de un dibujante que consigue hacerte creer en el personaje como si lo vieras cada día. Así es Superman, paz en la Tierra.

El argumento os lo voy a resumir en una única frase: ¿Qué sucede cuando El Hombre del Mañana decide acabar con el hambre en el mundo? Y no hay nada más que decir, una odisea de 64 páginas a través de las cuales vemos cuan limitados son los poderes del hombre de hacer cuando se trata de hacer justicia frente a la gente que ha jurado proteger. 

Una maravilla del arte con unas ilustraciones (porque cada viñeta es una ilustración) que quitan el hipo, el asma y todo lo que tengas. Dini apela al corazoncito de Superman y lo enfrenta a la crueldad y el egoísmo del ser humano, un territorio donde poco puedes hacer si sabes volar, aparte de huir. Por otro lado Alex Ross consigue, no sólo hacer creíble la historia sino llevarte hasta la ventana más próxima y dudar de si lo que estás viendo es un pájaro, un avión, o…

Im-pres-cin-di-ble para todo amante de las buenas historias y las obras de arte renacentistas.

SUPERMAN: EL HOMBRE DE ACERO
Edición original: Superman: The Man of Steel n.1 (Junio de 1986); DC Comics.
Guión y dibujo: John Byrne
Formato: 24 páginas
Precio: 125 pesetas de la época, unos 3 euros hoy en día al ritmo que vamos con Planeta 

Uno de los grandes logros de John Byrne fue sin duda relanzar el orígen de Superman en el momento en que DC decidió renovar todo su Universo DC. En esta etapa, que es la que conocéis todos actualmente, el Hombre del Mañana, era más débil que sus predecesores, con menos poderes y un Lex Luthor multimillonario y empresario en lugar de un loco científico, que es en lo que ha acabado derivando hoy en día. Tampoco podía respirar en el espacio, necesitaba (y necesita) de oxígeno para sobrevivir aunque puede pasar horas con pequeñas cantidades. Y, definitivamente, tampoco podía viajar en el tiempo y superar la velocidad de la luz. 

De este modo Byrne nos presentaba a un Superman mucho más vulnerable y con el que se podía jugar más. Un Superman que, atentos, desconocía por completo la existencia del planeta Krypton, si bien sabía que era adoptado, hasta el número uno no descubrió que lo habían encontrado en una nave espacial. Otro cambio importante era el propio Clark Kent, desaparecía una enorme barrera entre él y su alter-ego de modo que Clark era Superman y Superman Clark, no se mostraba a un periodista tan inepto, torpe o inocente, sino decidido a descubrir la verdad de sus historias periodísticas y gran competidor de Lois Lane, a quien ni más ni menos le quita la primicia de Superman, algo que no había sucedido anteriormente.

A pesar de que en estos momentos Geoff Johns y DC vayan a relanzar el nuevo origen del Hombre de Acero, os recomiendo esta lectura, almenos los primeros 10 números porque han sido un hito en la historia del personaje, que ha mantenido a lo largo de más de 20 años y con un dibujo simple pero muy bueno para su época, y bastante eficaz. Un reinicio que sin duda enganchó a muchos de los que ahora somos fans de Superman.

Si queréis saber más de esta etapa os dejo este maravilloso enlace que os lo aclarará todo:

http://dreamers.com/menhir/revista/articulos/superbyrne.htm

viernes, 25 de enero de 2008

Spider-Man: La trascendencia de lo innecesario (Segunda Parte)

AVISO: PARA EL AFICIONADO COMIQUERO QUE HAYA PASADO MESES REFUGIADO EN UN ZULO, CUEVA O SIMILAR, EN ESTE POST PUEDE QUE SE DESTRIPEN COSAS ACERCA DE LA CIVIL WAR, ONE MORE DAY Y DEMÁS ZARANDAJAS RELACIONADAS CON EL ARACNIDOSO DE MARVEL, MÁS POLÉMICO QUE NUNCA EN ESTAS SEMANAS.

De repente, de un mes para otro, todo cambia incomprensiblemente. “Pecados del Pasado” marca un cambio de rumbo en la temática de los guiones de Strac. Se mira al pasado en lugar del futuro, con una saga muy bien escrita, pero que representa de manera perfecta todos los malos tópicos que ha arrastrado el personaje en su historia: una historia totalmente innecesaria, que no hace avanzar al personaje y que de nuevo lo aleja del lector, pero que se hace por fuerza trascendente, por todo lo que implica. El malo de siempre, el protagonismo de Gwen Stacy (un personaje que lleva años muerto, pero que a la mínima se recupera sin motivo alguno), la imposible reescritura de la historia…La trama de los hijos de Gwen no viene a cuento de nada, y no existe ningún motivo para crearlos mas que el conseguir un golpe de efecto que vuelva las miradas de todo el mundo hacia el personaje. Para colmo las interferencias editoriales no hacen sino empeorar muy mucho el resultado: sería coherente que los hijos de Gwen fueran de Peter (que era la idea del guionista), pero no sólo se afirma que ellos dos, universitarios y casi prometidos, nunca “consumaron”, sino que los hijos en realidad son de Norman Osborn…¡y que eso motivó el asesinato de la chica! Una manera estúpida de rizar el rizo, que lamentablemente es ya parte de la historia del personaje. Eso sí, Straczynski escribe la saga de manera inmejorable, y Deodato sustituye a Romita con eficacia, aunque con los meses se irá diluyendo como un azucarillo.

Es a partir de aquí cuando este tipo de historias, innecesarias pero claves para Spider-Man, se suceden sin descanso. Pero, a diferencia de las de la década de los 90, estas están infinitamente mejor escritas, con un Strac que a pesar de carecer ya de un rumbo fijo (que se desvaneció con la marcha de Romita) escribe como sólo un amante del personaje podría hacer, aprovechando mejor que nadie las circunstancias que se le imponen desde arriba: la inclusión de Peter en los Vengadores (si se pueden llamar así, :p), la historia de El Otro (una trama ideada por JMS que Quesada decide convertir en un megaevento, mermando mucho su calidad), La Guerra Civil (especialmente conseguida es la relación casi padre-hijo entre Peter y Tony Stark (Iron Man), que tendrá unas consecuencias dramáticas para el trepamuros) y el gran momento Marvel de los últimos tiempos (junto a la muerte del Capitán América): el desenmascaramiento público de Spider-Man, acabando así con uno de sus elementos más característicos (y que había sido muy descuidado desde los 80, pues pocos eran ya quienes no conocían el rostro tras la máscara). No son malas historias, sobre todo porque Strac es un guionista muy inteligente que se adapta a cualquier marrón que le endilguen (vuelta del traje negro incluido) pero no son más que fuegos de artificio para llamar la atención. ¡Plas! Spidey Vengador. ¡Plas! Tiene nuevos poderes. ¡Plas! Spider-Man se desenmascara, contrastando de manera evidente con la primera etapa del escritor, caracterizada por historias modestas protagonizadas por un personaje en coherente y progresiva evolución, y no con cambios innecesarios, pero a la fuerza trascendentes.

Y JMS, después de siete años al frente de Amazing Spider-Man, anuncia que se va. Y la cosa ya comienza a oler a chamusquina, pues Quesada decide de nuevo convertir su última historia con el personaje en otro superhipermegaevento que lo cambiará todo para que todo vuelva a ser igual: One More Day. En los cuatro números que conforman la saga, se nota a la legua que hay más del editor (y dibujante de la misma) que del escritor, en la que debería haber sido su gran historia de despedida del personaje al que tanto debe (y viceversa). En 4 capítulos se intenta resolver de mala manera todas las consecuencias que la guerra ha traído al lanzarredes, y para ello se echa mano de ese elemento tan peligroso y al que tan poco habituado está: la magia. Spidey NUNCA ha estado habituado a la magia, por muy bien que lo escribiera Straczynski. Me refiero al personaje en sí, no que sus aventuras “mágicas” no puedan ser grandiosas (como el Amazing 500). Pero Spidey, al igual que otros como Daredevil o el Capi, son héroes con los pies en la tierra, extremadamente urbanos, y la magia les queda inmensamente grande. De ahí que, de todas las maneras posibles de solucionar el clima post-civil war (y con lo “realistas” que eran sus planteamientos), la hechicería no era la mejor salida. Pero esta aventura no sólo supone la solución de la identidad pública y la salud de Tía May, sino que se enrevesa más, y se decide prescindir de manera absurda del matrimonio Peter –MJ (que tan bien había manejado el guionista), salvar a Tía May, resucitar a los muertos (y bien muertos, porque mira que la muerte de Harry Osborn es buena) y cambiar todo el status quo. ¿Todo esto es necesario? Ni de lejos, es otra maniobra astuta de Quesada para que la gente hable de Spider-Man, pero sobre todo de él. Y lo consigue con creces, los blogs se llenan de post incendiarios, el youtube rebosa de vídeos protesta, los foros se calientan cosa mala…Y luego dicen que el personaje está muerto. Reacciones como éstas demuestran que el personaje no está ni mucho menos muerto, sino que tiene más vida que tú y yo juntos. Hasta el propio JMS reniega de la saga y culpabiliza a su editor, quien no para de dar entrevistas mientras el cómic se agota en todas las librerías. ¿Es un tebeo absurdo, incoherente y, sobre todo, innecesario? Desde luego ¿Es el peor tebeo en la historia del trepamuros, y lo peor que han hecho con el personaje? No señores, nop.

Primero de todo, no es un mal tebeo (tampoco bueno). Como es habitual es Strac, la historia (con sus inconsistencias propiciadas por el final ya previsto) está bien escrita, y es tremendamente emocionante (sobre todo el último número, a pesar de lo que cuenta). Y Quesada va de menos a más en los lápices, logrando un trabajo que por momentos iguala a su etapa en Daredevil. La gente que dice que es el peor cómic del personaje parece no tener memoria: Matanza Máxima, Clonación Máxima, Capítulo Final, Chapter One, los tebeos de Mackie y Byrne, la saga de la armadura arácnida en Web Of…esos son malos tebeos: mal escritos y en muchos casos peor dibujados todavía. ¿Es lo peor que le ha ocurrido a Spider-Man nunca? Lo peor que le puede ocurrir a un personaje no son las malas ideas, sino los malos tebeos (como los mencionados), que verdaderamente denigran la imagen del héroe. Recuerdo: ¿cómo se resolvió la saga del clon? La situación que quedaba después de esta saga debía haber sido desoladora, la solución de esta saga tenía más agujeros que un queso gruyere. ¿Por qué se optó? Pues por un reseteo cobarde (al menos en espíritu), en el que unos amnésicos Peter y MJ volvían a la Uni, con secundarios sosos, historias insulsas (algunas menos que otras)…En resumen, una situación donde la magia no estaba presente y la solución al problema era infinitamente más compleja, al tener que recurrir a una salida basada en la realidad y no al “lo hizo un mago” del OMD. Con este panorama que queda ahora, hay infinidad de puertas abiertas, y con toda seguridad los escritores jugarán con ellas, convirtiéndolas en los alicientes de este “Nuevo Día” semanal, tan esperanzador como inquietante. El 1er número debe generar expectativas altas, que más les vale cumplir si no quieren que la gente les salte al cuello. Pero vamos, que esto es una situación temporal, podéis darlo por seguro. Mínimo en un año, el status quo anterior volverá, no por imposiciones de arriba, sino porque las historias nuevas llegarán a un punto en el que no puedan sostenerse más. Y ahí es donde veremos que habían muchas cosas planeadas de antemano, que ignoramos por la tendencia tan de moda siempre de ser tremendistas, de no ver lo que miramos, y de que los cambios, sean para avanzar como para retroceder, siempre son criticados y criticables.

Spider-Man es un personaje poblado de historias innecesarias pero trascendentes. Yo (Entiman) las he visto de todos los colores. Esta no es sino otra más, que por lo menos está bien hecha (técnicamente) pero que no deja de ser otra muestra de cobardía de una editorial que hasta hace nada parecía decidida a dejar al personaje avanzar al fin, aunque fuera a la fuerza. Todo esto no hace sino emborronar la marcha de un escritor que volvió a aportar a Peter Parker esa cotidianidad y cercanía que una vez un joven escritor llamado Stanley Martin Lieber insufló a un extraño personaje que estaba destinado a hacer historia. Un personaje tan trascendente, como necesario.



PD. Felicidades si has llegado a leer hasta el final. Yo no podría, xD

PD2: Gracias de nuevo por las 10000 visitas. Por cierto, que a este ritmo, este podría convertirse en el día más visitado del blog :p

jueves, 24 de enero de 2008

Spider-Man: La trascendencia de lo innecesario (Primera Parte)

AVISO: PARA EL AFICIONADO COMIQUERO QUE HAYA PASADO MESES REFUGIADO EN UN ZULO, CUEVA O SIMILAR, EN ESTE POST PUEDE QUE SE DESTRIPEN COSAS ACERCA DE LA CIVIL WAR, ONE MORE DAY Y DEMÁS ZARANDAJAS RELACIONADAS CON EL ARACNIDOSO DE MARVEL, MÁS POLÉMICO QUE NUNCA EN ESTAS SEMANAS.

Algún día se reconocerá como se debe la labor de Stanley Martin Lieber en la literatura del siglo XX. Pocas veces un escritor tuvo una etapa tan fructífera y tan acertada a la hora de crear historias, personajes, y sobre todo saber hacerlos tan hijos de su época como intemporales. En un cortísimo período de tiempo, el autor, bajo el sobrenombre de Stan Lee, renovaría la ciencia ficción en los cómics, humanizándola y renovándola, mediante la invención de la Primera Familia, los 4 Fantásticos (excesivamente infantilizados en su traslación a la pantalla grande). Trataría temas tan complejos y maduros como el ser diferente, el racismo y el miedo a lo desconocido con los incomprendidos (en su momento) X-Men. El yo interior, el desdoblamiento de personalidad al más puro estilo Jekill y Hyde con el Coloso Esmeralda: Hulk. El esoterismo, la magia y los mundos oníricos con el Dr. Extraño. La aventura pura y dura, los problemas de formar parte de un equipo y las tensiones que se generan entre sus miembros, con Los Vengadores. Lee tampoco inventa nada nuevo (todo está inventado, pero la manera de hacerlo es lo que marca la diferencia), pero da con la manera de conseguir dar profundidad a un medio que aún hoy sigue siendo injustamente infravalorado: humanizar a los protagonistas. Así, contamos historias de ciencia ficción, pero con dramas familiares de por medio. Contamos historias con nuevos y extraños superpoderes, pero con el trasfondo de una Academia de alumnos (mutantes). Contamos sagas “más grandes que la vida” pero profundizando en las relaciones que se generan dentro de un grupo de personas. Pero si hubo un abanderado en esta nueva tendencia fue sin ninguna duda, Spider-Man.

Como se ha repetido hasta la saciedad, el hombre araña es, con toda seguridad, el personaje con el que más gente puede sentirse identificada. No quiere decir que sea el mejor personaje o el más profundo, pero sí es en el que la gente más se ve reflejada, sobre todo a la edad en la que uno empieza a leer tebeos: un chaval de 16 años, que no se come un rosco ni por equivocación, empollón, retraído, con problemas de dinero…que de repente ve como su vida cambia con la insignificante picadura de una araña. Pero esto, en lugar de facilitarle la vida, se la complica aún más: en uno de los mejores orígenes jamás creados para un personaje, Spider-Man, henchido de orgullo por sus nuevos poderes, deja escapar a un ladrón por considerar que ese no es asunto suyo, que a partir de ahora sólo se preocupará de sí mismo, y como mucho de sus tíos, que lo han criado como si se tratase de su propio hijo. Pero el destino se burla en su cara y ese insignificante ladrón asesinará horas más tarde a sangre fría a su Tío Ben, la única figura paterna que Peter Parker ha tenido nunca. En este punto es donde el chaval llega a la tan famosa conclusión de que “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Stan Lee continúa construyendo el personaje por esa senda de la cotidianeidad, de que la vida de Peter Parker sea tan normal como la nuestra propia, aunque él tenga una válvula de escape de la que nosotros no disponemos: el desahogarse pegándole guantazos a los malos malosos. Pero eso es lo de menos: lo importante es que Peter es un chaval normal, que tiene que llegar como sea a final de mes, que llegado el momento quiere independizarse, que le cuesta conseguir amigos, que se gradúa del instituto, que entra en la universidad, que tiene problemas con las chicas, que debe cuidar a su familia, que se enamora, que se desenamora y que pierde al amor de su vida, precisamente por esa interrelación tan magistralmente creada por Lee entre la vida normal y la doble vida secreta que lleva, que a diferencia de los demás, a él sólo le acarrea problemas, especialmente a la hora de mantener esa identidad como “secreta”. Su alter ego no hace más que inmiscuirse en los momentos más inoportunos de su vida, cuando todo parece irle sobre ruedas. Para Peter, Spider-man ha representado más una maldición, una carga inservible que otra cosa. Pero esa es su válvula de escape: lo que lo hace especial. Sin eso, su vida sería tan anodina como la de la gente que le rodea. Si diera la espalda a lo que puede hacer, daría la espalda a su tío Ben, y eso es algo que jamás se perdonaría. Si diera la espalda a su Tío Ben, Peter Parker no sería Spider-Man.

Sin embargo, a pesar de la genialidad de Stan Lee al darle a ese joven un ambiente tan mundano y cercano, nadie es perfecto, y es Lee quien primero sitúa a Parker en un ambiente ajeno a lo que es personaje, a la normalidad que siempre le rodea: En el Annual 5 (un especial de la colección regular), el escritor establece que los difuntos padres de Spider-Man eran en realidad espías del gobierno norteamericano, asesinados por motivaciones políticas. Esto hace que el Peter de esas páginas, por primera vez, se despegue de esa sensación de realidad y proximidad que eran sus principales características. La verdadera historia de los padres de Peter es trascendente para el personaje, pero intrascendente para quienes lo leemos, pues no hace sino traicionar la verdadera esencia del héroe, lo que no quita lo bien escrita que está. Es totalmente innecesaria para su desarrollo, y así lo demuestra que no se haga ni una mención al tema hasta décadas después.

Tampoco es necesario relacionar a Spidey con la magia. Pero es inevitable, al ser Steve Ditko el responsable gráfico de, además del lanzarredes, El Doctor Extraño, maestro de las Artes Místicas. Ditko, un apasionado de estos temas, de los mundos extraños, retorcidos y bizarros como su propia manera de dibujar al trepamuros, es quien establece la relación entre ambos personajes, aunque de nuevo se compruebe que al arácnido le cuesta horrores moverse en el pantanoso terreno de la magia, donde todo puede suceder, pero hay normas implícitas que la restringen a ciertos límites. Es innecesario, pero inevitable.

Los años noventa fueron una mala década para la industria, o al menos su primera mitad. Es algo ya asumido y aceptado. Obras maestras del género como Watchmen o El Regreso del Caballero Oscuro hacen que muchos escritores sin ideas se escuden en la oscuridad y la (supuesta) madurez para hacer historias tan sucias como vacías y carentes de contenido. La escasez de ideas de la época, cómo no, también alcanzó a Spider-Man, quien volvió a ver como el único elemento discordante de su origen y su pasado volvía para atormentarle: sus padres regresaban de la tumba, abriendo definitivamente la veda para que a Spider-man pudiera pasarle todo, por absurdo que fuera, o por muy bien escrito que estuviera: el ver a sus padres volver, para descubrir posteriormente que eran realmente robots creados por uno de sus más encarnizados enemigos alejaba muy mucho a Spidey de nuevo de sus raíces próximas a nosotros. Spider-Man se había inmiscuido demasiado en la vida de Parker, haciendo que ya no pudiéramos identificarnos con un viejo amigo al que habíamos visto no hacía mucho graduándose de la Universidad, con una asignatura pendiente para septiembre. Ya sus problemas no eran los nuestros: ahora sus problemas eran que Tía May no descubriera que sus padres eran robots, o que por culpa de sus clones lo acusaran de asesinato (algún día hablaremos de esta saga, ya hay algo preparado por ahí :P), o que su mayor enemigo resucitara de entre los muertos para robarle a una hija que todos (incluida la editorial) darían por muerta al poco tiempo, o que su tía May muriera para luego descubrirse que en realidad la que había muerto no era ella sino una actriz (sí, sí, como estás leyendo: para fliparlo. Y la gente se queja de lo último, que poca memoria…), o que su esposa fuera una conocida actriz y supermodelo que de repente retoma sus estudios universitarios…Historias mejor (gran parte de la saga del clon) o peor (la resurrección de May) escritas, pero alejadas por completo de ese toque de “te puede pasar a ti” que hicieron a Spider-Man el buque insignia de Marvel en los sesenta.

Y, cuando el personaje parece inmerso en un pozo sin fondo, escrito por guionistas que no tienen ni idea de cómo escribirlo y con argumentos cada uno más absurdo que el anterior, llega un guionista que conoce como debe comportarse el personaje al milímetro, con historias y argumentos que no son nuevos (todo está inventado…), pero que no traicionan para nada la idea de Spider-Man. John Michael Straczynski llega a la franquicia como un terremoto, con una historia tan peligrosa como condenadamente bien escrita, como es la batalla con Morlun, un personaje dedicado en cuerpo y alma a cazar a gente como Peter. Lo peligroso de la historia es la inclusión de elementos mágicos en la trama, que aún no pegando con el personaje, dan completamente igual, porque por 1ª vez desde los primeros cómics de DeMatteis o desde Roger Stern, Peter parece de nuevo una persona como tú y yo, que parece haber dejado atrás definitivamente la adolescencia, y asentarse en un momento de madurez como nunca ha tenido. El Spider-Man de JMS supone el reencuentro con un viejo amigo, con momentos de pura genialidad (los monólogos interiores del personaje, su interacción con el detective Lamont o con otros personajes neoyorquinos que se cruzan en su camino, o muy especialmente todo lo concerniente a la reconciliación con MJ y al descubrimiento de su identidad por Tía May). JMS no teme crear enemigos nuevos (aunque casi ninguno sea comparable a los clásicos, sólo Morlun), secundarios tan carismáticos como Ezekiel, o por primera vez en mucho tiempo, hacer evolucionar al personaje de una manera coherente y consecuente con su trayectoria, no mediante golpes de efecto como muertes, bodas, resurrecciones, hijos…que no hubieran molestado si se hubiesen hecho con calidad y cabeza. Spider-Man vive un momento de calidad envidiable, que sólo parece que podría truncarse con la marcha del guionista.

Pero entonces, dos hechos aislados e independientes uno del otro, que en un principio no deberían significar la hecatombe, comienzan a marcar el final de esta época dorada. Aunque parezca una chorrada, la marcha de Bill Jemas (el jefazo de Marvel junto con Joe Quesada) afecta a toda la idea que se llevaba manejando en Marvel los últimos años: el de la independencia de cada colección y el olvido de la continuidad. Jemas aboga por que cada serie de Marvel pueda ser leída independientemente, sin cruces con otras colecciones, y que la continuidad se ignore deliberadamente si con ello puede contarse una buena historia (como el mismo JMS hace en muchos puntos de su primera etapa). Al irse Jemas y quedarse Quesada como único capo de la empresa, se comienza a extender la idea de nuevo de recuperar la interrelación entre personajes y colecciones, algo que no es ni mucho menos una mala idea si se hiciera debidamente. Junto a la marcha de Jemas, el otro hecho, aún más clave que este, es la marcha del dibujante que tan bien se acoplaba a los textos de Straczynski: John Romita Jr. es “expulsado” de Spider-Man para dedicarse a relanzar a otros personajes como Pantera Negra o el Vigía, dejando al personaje huérfano artísticamente hablando. Esta marcha coincide curiosamente, con el cierre apresurado de la trama clave de JMS: el argumento de Ezekiel y los orígenes mágicos de Spider-man se cierra casi definitivamente en tres míseros números, que deberían haber sido un par más. Así se cierra la 1ª etapa del escritor en Spider-Man, una de las mejores en lo que llevamos de siglo, con el Spidey más humano desde los años 70.


(Mañana, la segunda parte)