sábado, 21 de junio de 2014
The Cartoonist: Cartas de Amor.
martes, 27 de diciembre de 2011
Midnight Nation: Cuestión de géneros.
Si uno lee el primer capítulo de Midnight Nation, sin saber en absoluto de qué trata, puede pensar que está ante otro cómic policíaco más. Unos crímenes extraños, un protagonista que intenta resolverlos, y que se acerca demasiado … todo dentro de las normas del género. Hasta que llegan las dos últimas páginas, y especialmente la splash page final … y todo se le desmonta por completo. Ese final le golpea a uno en la cara y le hace pensar “maldita sea, pues ha jugado conmigo. Ahora sí que me ha atrapado”.
Sin embargo, si uno se para a intentar explicar el argumento de “Midnight Nation”, también puede dar lugar a error: “Un hombre que lo pierde todo de la noche a la mañana se ve obligado a huir y luchar contra los no-muertos que se cruzan en su camino, para evitar convertirse en uno de ellos y conseguir así la salvación”. No, no estamos ante “Los Muertos Vivientes” de Kirkman. Tampoco ante el “Apocalipsis Z” de Loureiro ni los “28 Días Después” de Danny Boyle. No estamos ante una obra enmarcada en el género zombie … y sin embargo algo de eso tiene.
Hay mucha influencia de religiones y creencias varias y no por ello podríamos catalogar la obra como “de temática religiosa”. Tiene momentos de incipiente romance, momentos de comedia y muchos momentos más propios de una road - movie que de cualquier otra cosa. Instantes y personajes verdaderamente terroríficos y no es para nada una obra de terror. Paisajes de fantasía y no trata en absoluto de eso.
Entonces, ¿de qué trata “Midnight Nation”?
“Midnight Nation” es la historia de David y su viaje en busca de la salvación. Atrapado de manera desafortunada entre dos mundos, deberá dejarse guiar por la ya hastiada y desencantada Laurel antes de que se acabe convirtiendo en lo que más teme. Es una historia que toca diferentes temas y géneros, para salir sorprendentemente airosa en el resultado global. El cómic establece la distinción de dos mundos claramente diferenciados: el de los muertos y los no-muertos. Sin embargo, crea un estado intermedio, una “Nación de la Medianoche”, por la que sólo unos pocos pasan, y en la que David queda atrapado temporalmente, a la espera de ver hacia qué lado se decanta la balanza.
El guión es de J. M. Straczynski, escritor proveniente del mundo de la televisión y el cine, en uno de sus primeros trabajos para el género. Un J.M.S. que en esos momentos todavía gustaba de dar un final coherente y cerrado a sus historias, nos lleva de la mano de David y Laurel a través de una América fantasmal, embarcándonos en un viaje que tiene todas las papeletas para acabar en tragedia desde el mismo punto de partida. El guionista estructura de manera clara y perfecta su historia, dejando cada cabo atado y bien atado, sin que nada quede sin ser resuelto y explicado. De las labores artísticas se encarga un Gary Frank que aquí se marca uno de los mejores trabajos de su carrera, sin ser precisamente una historia que dé para el lucimiento del dibujante. Pocos personajes principales, escasas escenas de acción … y aún así, Frank dota a los personajes de una personalidad y unas emociones que consiguen la máxima empatía por parte del lector cada vez que éstos mantienen una conversación y Straczynski profundiza en sus traumas y problemáticas varias.
Al final, no importa en qué género se puede englobar “Midnight Nation”. Lo único que importa es que son 12 capítulos de una excelente y valiente historia, llevada a cabo por unos autores que volverían a juntarse años después para dar otra nueva joya del género como sería “Supreme Power”. No importa que sea o no un cómic de terror, de amor, de religión o de polis y cacos. Lo único que de verdad importa es lo que debería ser norma y cada vez es más difícil encontrar en un tebeo: que “Midnight Nation” es una magnífica historia que merecía ser contada.
martes, 20 de diciembre de 2011
Top Ten: Canción Triste del Distrito 10.
martes, 13 de diciembre de 2011
Cómics para principiantes: El Petirrojo Malquerido.
sábado, 30 de abril de 2011
La Imposible Patrulla X: Ladrillo a ladrillo

viernes, 25 de marzo de 2011
El Inmortal Fuego de una Fénix Oscura
De ninguna manera podían llegar a imaginar unos jóvenes Chris Claremont y John Byrne que, en aquel verano de 1980, los que hasta entonces eran los autores revelación del momento, los que se habían hecho cargo de una colección moribunda para insuflarle nuevos y refrescantes aires de cambio, iban a convertirse de la noche a la mañana, en autores clave del medio, y la historia que acababan de dar por terminada, en pieza clave y referencia para todos aquellos tebeos que aún estaban por llegar a lo largo de la próxima década.
Han sido muchas las muertes que ha visto el universo Marvel a lo largo de su historia, especialmente de féminas célebres, como Elektra o Gwen Stacy. Sin embargo, ninguna dejó en el medio tanta huella como lo hizo en su momento la que se produce al finalizar “La Saga de Fénix Oscura”. No sólo por la muerte en sí, sino por la extraordinaria cadena de acontecimientos que acaban conduciendo a ésta. Claremont desarrolló, a lo largo de un buen número de episodios, un enrevesado puzzle, un castillo de naipes construido a base de pequeños detalles y cabos sueltos que, llegados al Uncanny X-Men 135, explotan en la cara del lector para hacerle ver que, en esta ocasión, es imposible el final feliz.
“La Saga de Fénix Oscura” nos narra el particular descenso de Jean Grey a los infiernos. De cómo los X- Men, un grupo compuesto por rarezas, seres marginados y atormentados, deben hacer frente a uno de ellos suyos. No un mutante, sino un ser querido, una compañera y amiga que ha sido corrompida por un poder imposible de controlar. Los mutantes se ven inmersos en esta ocasión en la mayor epopeya que jamás hayan vivido, alcanzando niveles cósmicos al llegar al final. El destino de varios universos estará en sus manos, pero el precio a pagar por salvarlos será demasiado elevado.
Claremont alcanza con esta historia su cénit como guionista. Después de cinco años probando y jugando con las teclas de la colección, es en estos momentos cuando la hace verdaderamente suya y sabe exactamente qué rumbo tomar para dejar al lector siempre con ganas de más. “La Saga de Fénix Oscura” se convierte, además, en el modelo a seguir por su escritor a partir de ese momento, pues se trata, sin lugar a dudas, de la mejor historia que jamás han vivido y vivirán los mutantes, y en ella reside la esquiva clave del éxito. Un perfecto tratamiento y desarrollo de los personajes, un control absoluto del tempo narrativo, algo de suerte y, no podemos olvidar, un dibujo a la altura. Porque si Claremont alcanza aquí la gloria, otro tanto ocurre con el canadiense John Byrne, un dibujante que, a pesar de desarrollar excelentes trabajos posteriormente, como “Días del Futuro Pasado”, “Los 4 Fantásticos” o “El Hombre de Acero”, jamás llegará a rozar el nivel que demuestra en estos números, en los que nos deja a la mejor Jean Grey jamás dibujada, y viñetas que han pasado a la historia, como la que protagoniza un Lobezno sediento de venganza al final del número 132. Un tándem creativo, el de Claremont y Byrne, que si ya forma parte de la historia del noveno arte es, en gran medida, por estos nueve números cargados de épica y dramatismo made in Marvel.
Después vendrían resurrecciones, clones, hijos, bodas y, de nuevo, fuego y muerte. Pero eso no cambia un ápice del valor de una historia como “La Saga de Fénix Oscura”. Una saga por al que jamás pasará el tiempo. Una saga que, como no podía ser de otro modo, es verdaderamente inmortal.

PD: Para los interesados en adquirir la saga aquí mencionada, Panini la ha reditado hace bien poco dentro de su coleccionable "Héroes Marvel", al módico precio de 10 euros y con la portada que adjuntamos. Si después de leer esto, no te entran ganas de leerlo, no tienes alma.
miércoles, 11 de marzo de 2009
BATMAN, por Las Entidades
Junto con Superman, el otro gran icono de DC por excelencia, aunque por tono y modus operandi sea justamente su antítesis. Donde Supes es heroico, luminoso y sensible (un señor que llora si no comentas debe ser extremadamente sensible), Bats es astuto, realista y oscuro. Juega con el miedo de sus oponentes, y presume de ser “el mejor detective del mundo”… dependiendo siempre del guionista que toque. ¿Cómo? ¿Que te interesa más el bueno de Bruce Wayne que el buenazo de Clark? ¿Qué quieres empezar a adentrarte en su tenebroso mundillo? Pasa, pasa entonces y descubre nuestras recomendaciones para todo aquel que quiera profundizar en la mitología del hombre murciélago.
Lo mejor para alguien que no tenga ni repajolera idea sobre Bruce Wayne, y simplemente quiera leer algo del personaje que tanto le ha intrigado serían los recientemente publicados por Planeta “Batman: Black & White”.

“Batman: Black & White” es una antología de historias cortas llevadas a cabo por algunos de los mejores talentos de la industria comiquera. Desde autores más indies como Paul Pope o Paul Grist a grandes conocedores del Caballero Oscuro, como Denny O’Neil o Ed Brubaker. Desde clásicos como Joe Kubert o Richard Corben a artistazos como Alex Ross, Gary Gianni, Enrique Breccia o Bill Sienkiewicz. Tres tomos recientemente publicados por Planeta DeAgostini que rondan entre los 12 y los 17 euros, repletos de historias cortas que exploran la mitología del atormentado personaje. Algunas tiran más hacia su vertiente pop (John Byrne, Dave Gibbons…), otros experimentan saliéndose un poco de lo habitual (Neil Gaiman, Brian Bolland, Ann Nocenti, Walter Simonson…), alguno ahonda en su estupenda relación con menores de edad (!!) (Chris Claremont), otros entran sin pensárselo en la parodia (Ty Templeton y Marie Severin, Kyle Baker…) la mayoría realizan historias normalitas que intentan explorar el mito (Matt Wagner Kelley Puckett, Steven T. Seagle, Warren Ellis, Brian Azzarello…) e incluso hallamos alguna obra maestra (“Tal Para Cual” de Bruce Timm, nunca se contó tanto y tan bien sobre Dos Caras en tan poco espacio). En resumen, tres tomos para los que no hace falta ser un experto en la materia, pero que igual pican tu curiosidad y te desvían hacia objetivos mayores. Y si no, igualmente tendrás una antología de autores y dibujantes de primer nivel del noveno arte recogidos en pocas páginas (Mike Mignola, Frank Miller, Mike Kaluta, Barry Windsor Smith, Neal Adams, John Buscema, Gene Colan, Eduardo Risso, Howard Chaykin, Darwin Cooke…). Ideal para principiantes.

¿Algo con más sustancia? Entonces da el paso y ve a por uno de los mejores tebeos que jamás se han publicado. “Batman: Año Uno” narra los inicios de un Batman principiante, que todavía no es el Señor de la Noche respetado y temido, sino simplemente una leyenda urbana que nadie cree que exista. Es el retrato de una Gotham City podrida hasta la médula, como jamás lo ha estado. De un policía honesto que llega a la ciudad para intentar no verse corrompido, y que deberá buscar amistad en quien menos lo espera: un perturbado que cree poder cambiar las cosas vestido de rata voladora. Frank Miller y David Mazzuchelli definen en tan sólo cuatro capítulos la esencia misma del personaje, su origen y motivaciones. Comprendemos a Bruce Wayne y por qué decide emprender su cruzada contra el crimen. Nos identificamos con Gordon, siempre intentando hacer lo correcto aunque no siempre lo consiga. Vemos los primeros pasos de un insistente fiscal del distrito que comparte objetivos con ambos, aunque el destino le reserve una mala jugada. Uno de esos cómics que debería ser indispensable en cualquier tebeoteca. Y además, en cuanto a ediciones hay donde elegir: desde la antigua y manejable edición de Norma, pasando por el primer y barato (1 euro) número del primer coleccionable de Batman, hasta la edición más reciente de Planeta de Agostini, tamaño familiar y mucho más cara. Y si te apetece saber cómo podría continuar cronológicamente la trama aquí planteada, también son recomendables “El Largo Halloween” y “Victoria Oscura”, del tándem formado por Jeph Loeb y Tim Sale, que exploran la relación entre Gordon, Dent y Bats, así como el nacimiento de Dos Caras o Robin. Ambos han sido reeditados recientemente, por cierto.

¿Te intriga la visión de Frank Miller sobre el murciélago? Entonces toca una lectura más compleja, alabada y crepuscular. “El Regreso Del Señor de la Noche” o “El Retorno del Caballero Oscuro”, depende la edición que compres. En esta historia Miller pasa de los comienzos de “Año Uno” a contar las andanzas de un Bruce Wayne retirado, hastiado de ser Batman, en un mundo que necesita de nuevo a alguien que lo saque de la inmundicia en la que se ha sumergido. Es un Batman más radical, cínico y experimentado, pero igual de atormentado y concienciado con la causa. Un Bruce Wayne que descubre cuán imposible es escapar de su destino. Un guión complejo, lleno de momentos memorables y crítica política, y una narración fluida, caracterizada por la brusquedad del trazo en el dibujo de Miller, las densas tintas de Klaus Janson y los colores de Lynn Varley. “El Retorno del Caballero Oscuro” (DK para los amigos) es uno de los mejores trabajos de Miller, sobre todo en cuanto a guión. Un cómic que, junto a “Watchmen”, cambió en los 80 la manera de enfocar los tebeos, volviéndolos más oscuros y violentos, una herencia que todavía perdura hoy en día, aunque muchos tiendan a tergiversarla. Junto con “Año Uno”, la obra imprescindible de Batman, una auténtica joya. No así, su secuela, “El Contraataque del Caballero Oscuro”, surrealismo en estado puro.

Si con eso no te basta, puedes probar a hincarle el diente a dos trabajos igualmente recomendables. El primero, “La Broma Asesina”, está considerado por muchos como la historia definitiva del Joker, aunque más bien debería considerarse la reflexión definitiva sobre su relación con Batman. En pocas páginas, el afamado guionista Alan Moore (V de Vendetta, Watchmen…) y el realista dibujante británico Brian Bolland diseccionan la psique del Joker, y ponen al héroe al límite, forzando su sentido de la moralidad y el deber cuando sus amigos son atacados sin piedad por el Príncipe del Crimen. Una obra polémica para muchos, ya que ahonda en los orígenes del risueño enemigo, a todas luces innecesario. Algo que, por otra parte, Moore nunca da por oficial, sino que puede ser simple fantasía de la destrozada mente del personaje. En cualquier caso, una obra más que recomendable, con el mejor Joker de cuantos ha habido (Heath Ledgers aparte), y viñetas tan escalofriantes como las relacionadas con su nacimiento como archienemigo desquiciado del héroe. Como la otra cara de la moneda. Se dice que este año Planeta DeAgostini reeditará esta obra, así que estad atentos.

El segundo destaca sobre todo a nivel artístico. “Arkham Asylum” es un tétrico descenso a los infiernos por parte de Batman, quien deberá adentrarse en Arkham, donde todos sus enemigos le esperan para darle caza, y donde deberá afrontar sus eternos fantasmas personales. Mientras, se nos muestra la atormentada existencia del creador de Arkham, y su caída en las profundidades de la locura, una locura de la que Bats intenta escapar a toda costa. Plagada de momentos impactantes y tenebrosos, “Arkham Asylum” no sería lo que es si no fuera por el inmenso arte de Dave McKean, que hace de cada página una obra digna de exposición, empleando todo tipo de técnicas y aprovechando el onírico mundo que le proporciona un comedido pero excelente Grant Morrison. El escritor pone a disposición de McKean un mundo de pesadilla, plagado de criaturas enfermizas (nunca el Joker dio tanto miedo) y momentos en los que realidad y fantasía se mezclan de manera sangrienta. Sólo por su arte ya debería ser compra obligada. Recomendable la reciente edición Absolute, que cuenta con bocetos y el guión completo de la obra.
PD: Entiman desde la distancia le dedica este post en especial (no por ser de Batman, sino porque el día cuadra que da gusto, oye) a la Entimadre, ya que hoy, 11 de marzo es su connotación (jijiji) y este es el primer año en el que servidor no está ahí celebrándolo. ¡Un beso mu gordo desde Seregno, sus echo de menos, guárdenme un trozo de tarta, gordos! ¡Espero que sea de las clásicas de chocolate, nada de experimentos raros!
PD 2: Dedicarselo también, ya que estamos, al señor Osukaru, que hace unos días días ha estrenado dígito y, para evitar posibles depresiones, intentamos hacer dede aquí lo máximo posible para animarle semejante hazaña. ¡Feliz connotación, señor samurai!
PD 3: Y por último, pero no menos importante, Entiman también se lo dedica a una señorita que se suma a la epidemia cumpleañera. La poetisa del silencio, entifan silenciosa que siempre lee y nunca comenta, a la que servidor echa de menos. No diré más, que luego todo se sabe y empiezan los enti-cotilleos. Sólo que ojalá que mañana te lo pases bien, y que no te vuelvas demasiado loca. ¡Un bacio milanés muy grande!
lunes, 9 de marzo de 2009
El Daredevil de Frank Miller a través de sus personajes, por Fer1980


miércoles, 4 de marzo de 2009
SUPERMAN, por Conner Kent



viernes, 25 de enero de 2008
Spider-Man: La trascendencia de lo innecesario (Segunda Parte)
De repente, de un mes para otro, todo cambia incomprensiblemente. “Pecados del Pasado” marca un cambio de rumbo en la temática de los guiones de Strac. Se mira al pasado en lugar del futuro, con una saga muy bien escrita, pero que representa de manera perfecta todos los malos tópicos que ha arrastrado el personaje en su historia: una historia totalmente innecesaria, que no hace avanzar al personaje y que de nuevo lo aleja del lector, pero que se hace por fuerza trascendente, por todo lo que implica. El malo de siempre, el protagonismo de Gwen Stacy (un personaje que lleva años muerto, pero que a la mínima se recupera sin motivo alguno), la imposible reescritura de la historia…La trama de los hijos de Gwen no viene a cuento de nada, y no existe ningún motivo para crearlos mas que el conseguir un golpe de efecto que vuelva las miradas de todo el mundo hacia el personaje. Para colmo las interferencias editoriales no hacen sino empeorar muy mucho el resultado: sería coherente que los hijos de Gwen fueran de Peter (que era la idea del guionista), pero no sólo se afirma que ellos dos, universitarios y casi prometidos, nunca “consumaron”, sino que los hijos en realidad son de Norman Osborn…¡y que eso motivó el asesinato de la chica! Una manera estúpida de rizar el rizo, que lamentablemente es ya parte de la historia del personaje. Eso sí, Straczynski escribe la saga de manera inmejorable, y Deodato sustituye a Romita con eficacia, aunque con los meses se irá diluyendo como un azucarillo.

Es a partir de aquí cuando este tipo de historias, innecesarias pero claves para Spider-Man, se suceden sin descanso. Pero, a diferencia de las de la década de los 90, estas están infinitamente mejor escritas, con un Strac que a pesar de carecer ya de un rumbo fijo (que se desvaneció con la marcha de Romita) escribe como sólo un amante del personaje podría hacer, aprovechando mejor que nadie las circunstancias que se le imponen desde arriba: la inclusión de Peter en los Vengadores (si se pueden llamar así, :p), la historia de El Otro (una trama ideada por JMS que Quesada decide convertir en un megaevento, mermando mucho su calidad), La Guerra Civil (especialmente conseguida es la relación casi padre-hijo entre Peter y Tony Stark (Iron Man), que tendrá unas consecuencias dramáticas para el trepamuros) y el gran momento Marvel de los últimos tiempos (junto a la muerte del Capitán América): el desenmascaramiento público de Spider-Man, acabando así con uno de sus elementos más característicos (y que había sido muy descuidado desde los 80, pues pocos eran ya quienes no conocían el rostro tras la máscara). No son malas historias, sobre todo porque Strac es un guionista muy inteligente que se adapta a cualquier marrón que le endilguen (vuelta del traje negro incluido) pero no son más que fuegos de artificio para llamar la atención. ¡Plas! Spidey Vengador. ¡Plas! Tiene nuevos poderes. ¡Plas! Spider-Man se desenmascara, contrastando de manera evidente con la primera etapa del escritor, caracterizada por historias modestas protagonizadas por un personaje en coherente y progresiva evolución, y no con cambios innecesarios, pero a la fuerza trascendentes.

Y JMS, después de siete años al frente de Amazing Spider-Man, anuncia que se va. Y la cosa ya comienza a oler a chamusquina, pues Quesada decide de nuevo convertir su última historia con el personaje en otro superhipermegaevento que lo cambiará todo para que todo vuelva a ser igual: One More Day. En los cuatro números que conforman la saga, se nota a la legua que hay más del editor (y dibujante de la misma) que del escritor, en la que debería haber sido su gran historia de despedida del personaje al que tanto debe (y viceversa). En 4 capítulos se intenta resolver de mala manera todas las consecuencias que la guerra ha traído al lanzarredes, y para ello se echa mano de ese elemento tan peligroso y al que tan poco habituado está: la magia. Spidey NUNCA ha estado habituado a la magia, por muy bien que lo escribiera Straczynski. Me refiero al personaje en sí, no que sus aventuras “mágicas” no puedan ser grandiosas (como el Amazing 500). Pero Spidey, al igual que otros como Daredevil o el Capi, son héroes con los pies en la tierra, extremadamente urbanos, y la magia les queda inmensamente grande. De ahí que, de todas las maneras posibles de solucionar el clima post-civil war (y con lo “realistas” que eran sus planteamientos), la hechicería no era la mejor salida. Pero esta aventura no sólo supone la solución de la identidad pública y la salud de Tía May, sino que se enrevesa más, y se decide prescindir de manera absurda del matrimonio Peter –MJ (que tan bien había manejado el guionista), salvar a Tía May, resucitar a los muertos (y bien muertos, porque mira que la muerte de Harry Osborn es buena) y cambiar todo el status quo. ¿Todo esto es necesario? Ni de lejos, es otra maniobra astuta de Quesada para que la gente hable de Spider-Man, pero sobre todo de él. Y lo consigue con creces, los blogs se llenan de post incendiarios, el youtube rebosa de vídeos protesta, los foros se calientan cosa mala…Y luego dicen que el personaje está muerto. Reacciones como éstas demuestran que el personaje no está ni mucho menos muerto, sino que tiene más vida que tú y yo juntos. Hasta el propio JMS reniega de la saga y culpabiliza a su editor, quien no para de dar entrevistas mientras el cómic se agota en todas las librerías. ¿Es un tebeo absurdo, incoherente y, sobre todo, innecesario? Desde luego ¿Es el peor tebeo en la historia del trepamuros, y lo peor que han hecho con el personaje? No señores, nop.
Primero de todo, no es un mal tebeo (tampoco bueno). Como es habitual es Strac, la historia (con sus inconsistencias propiciadas por el final ya previsto) está bien escrita, y es tremendamente emocionante (sobre todo el último número, a pesar de lo que cuenta). Y Quesada va de menos a más en los lápices, logrando un trabajo que por momentos iguala a su etapa en Daredevil. La gente que dice que es el peor cómic del personaje parece no tener memoria: Matanza Máxima, Clonación Máxima, Capítulo Final, Chapter One, los tebeos de Mackie y Byrne, la saga de la armadura arácnida en Web Of…esos son malos tebeos: mal escritos y en muchos casos peor dibujados todavía. ¿Es lo peor que le ha ocurrido a Spider-Man nunca? Lo peor que le puede ocurrir a un personaje no son las malas ideas, sino los malos tebeos (como los mencionados), que verdaderamente denigran la imagen del héroe. Recuerdo: ¿cómo se resolvió la saga del clon? La situación que quedaba después de esta saga debía haber sido desoladora, la solución de esta saga tenía más agujeros que un queso gruyere. ¿Por qué se optó? Pues por un reseteo cobarde (al menos en espíritu), en el que unos amnésicos Peter y MJ volvían a
Spider-Man es un personaje poblado de historias innecesarias pero trascendentes. Yo (Entiman) las he visto de todos los colores. Esta no es sino otra más, que por lo menos está bien hecha (técnicamente) pero que no deja de ser otra muestra de cobardía de una editorial que hasta hace nada parecía decidida a dejar al personaje avanzar al fin, aunque fuera a la fuerza. Todo esto no hace sino emborronar la marcha de un escritor que volvió a aportar a Peter Parker esa cotidianidad y cercanía que una vez un joven escritor llamado Stanley Martin Lieber insufló a un extraño personaje que estaba destinado a hacer historia. Un personaje tan trascendente, como necesario.

PD2: Gracias de nuevo por las 10000 visitas. Por cierto, que a este ritmo, este podría convertirse en el día más visitado del blog :p
jueves, 24 de enero de 2008
Spider-Man: La trascendencia de lo innecesario (Primera Parte)
AVISO: PARA EL AFICIONADO COMIQUERO QUE HAYA PASADO MESES REFUGIADO EN UN ZULO, CUEVA O SIMILAR, EN ESTE POST PUEDE QUE SE DESTRIPEN COSAS ACERCA DE LA CIVIL WAR, ONE MORE DAY Y DEMÁS ZARANDAJAS RELACIONADAS CON EL ARACNIDOSO DE MARVEL, MÁS POLÉMICO QUE NUNCA EN ESTAS SEMANAS.
Algún día se reconocerá como se debe la labor de Stanley Martin Lieber en la literatura del siglo XX. Pocas veces un escritor tuvo una etapa tan fructífera y tan acertada a la hora de crear historias, personajes, y sobre todo saber hacerlos tan hijos de su época como intemporales. En un cortísimo período de tiempo, el autor, bajo el sobrenombre de Stan Lee, renovaría la ciencia ficción en los cómics, humanizándola y renovándola, mediante la invención de la Primera Familia, los 4 Fantásticos (excesivamente infantilizados en su traslación a la pantalla grande). Trataría temas tan complejos y maduros como el ser diferente, el racismo y el miedo a lo desconocido con los incomprendidos (en su momento) X-Men. El yo interior, el desdoblamiento de personalidad al más puro estilo Jekill y Hyde con el Coloso Esmeralda: Hulk. El esoterismo, la magia y los mundos oníricos con el Dr. Extraño. La aventura pura y dura, los problemas de formar parte de un equipo y las tensiones que se generan entre sus miembros, con Los Vengadores. Lee tampoco inventa nada nuevo (todo está inventado, pero la manera de hacerlo es lo que marca la diferencia), pero da con la manera de conseguir dar profundidad a un medio que aún hoy sigue siendo injustamente infravalorado: humanizar a los protagonistas. Así, contamos historias de ciencia ficción, pero con dramas familiares de por medio. Contamos historias con nuevos y extraños superpoderes, pero con el trasfondo de una Academia de alumnos (mutantes). Contamos sagas “más grandes que la vida” pero profundizando en las relaciones que se generan dentro de un grupo de personas. Pero si hubo un abanderado en esta nueva tendencia fue sin ninguna duda, Spider-Man.
Como se ha repetido hasta la saciedad, el hombre araña es, con toda seguridad, el personaje con el que más gente puede sentirse identificada. No quiere decir que sea el mejor personaje o el más profundo, pero sí es en el que la gente más se ve reflejada, sobre todo a la edad en la que uno empieza a leer tebeos: un chaval de 16 años, que no se come un rosco ni por equivocación, empollón, retraído, con problemas de dinero…que de repente ve como su vida cambia con la insignificante picadura de una araña. Pero esto, en lugar de facilitarle la vida, se la complica aún más: en uno de los mejores orígenes jamás creados para un personaje, Spider-Man, henchido de orgullo por sus nuevos poderes, deja escapar a un ladrón por considerar que ese no es asunto suyo, que a partir de ahora sólo se preocupará de sí mismo, y como mucho de sus tíos, que lo han criado como si se tratase de su propio hijo. Pero el destino se burla en su cara y ese insignificante ladrón asesinará horas más tarde a sangre fría a su Tío Ben, la única figura paterna que Peter Parker ha tenido nunca. En este punto es donde el chaval llega a la tan famosa conclusión de que “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”.
Stan Lee continúa construyendo el personaje por esa senda de la cotidianeidad, de que la vida de Peter Parker sea tan normal como la nuestra propia, aunque él tenga una válvula de escape de la que nosotros no disponemos: el desahogarse pegándole guantazos a los malos malosos. Pero eso es lo de menos: lo importante es que Peter es un chaval normal, que tiene que llegar como sea a final de mes, que llegado el momento quiere independizarse, que le cuesta conseguir amigos, que se gradúa del instituto, que entra en la universidad, que tiene problemas con las chicas, que debe cuidar a su familia, que se enamora, que se desenamora y que pierde al amor de su vida, precisamente por esa interrelación tan magistralmente creada por Lee entre la vida normal y la doble vida secreta que lleva, que a diferencia de los demás, a él sólo le acarrea problemas, especialmente a la hora de mantener esa identidad como “secreta”. Su alter ego no hace más que inmiscuirse en los momentos más inoportunos de su vida, cuando todo parece irle sobre ruedas. Para Peter, Spider-man ha representado más una maldición, una carga inservible que otra cosa. Pero esa es su válvula de escape: lo que lo hace especial. Sin eso, su vida sería tan anodina como la de la gente que le rodea. Si diera la espalda a lo que puede hacer, daría la espalda a su tío Ben, y eso es algo que jamás se perdonaría. Si diera la espalda a su Tío Ben, Peter Parker no sería Spider-Man.
Sin embargo, a pesar de la genialidad de Stan Lee al darle a ese joven un ambiente tan mundano y cercano, nadie es perfecto, y es Lee quien primero sitúa a Parker en un ambiente ajeno a lo que es personaje, a la normalidad que siempre le rodea: En el Annual 5 (un especial de la colección regular), el escritor establece que los difuntos padres de Spider-Man eran en realidad espías del gobierno norteamericano, asesinados por motivaciones políticas. Esto hace que el Peter de esas páginas, por primera vez, se despegue de esa sensación de realidad y proximidad que eran sus principales características. La verdadera historia de los padres de Peter es trascendente para el personaje, pero intrascendente para quienes lo leemos, pues no hace sino traicionar la verdadera esencia del héroe, lo que no quita lo bien escrita que está. Es totalmente innecesaria para su desarrollo, y así lo demuestra que no se haga ni una mención al tema hasta décadas después.
Tampoco es necesario relacionar a Spidey con la magia. Pero es inevitable, al ser Steve Ditko el responsable gráfico de, además del lanzarredes, El Doctor Extraño, maestro de las Artes Místicas. Ditko, un apasionado de estos temas, de los mundos extraños, retorcidos y bizarros como su propia manera de dibujar al trepamuros, es quien establece la relación entre ambos personajes, aunque de nuevo se compruebe que al arácnido le cuesta horrores moverse en el pantanoso terreno de la magia, donde todo puede suceder, pero hay normas implícitas que la restringen a ciertos límites. Es innecesario, pero inevitable.
Los años noventa fueron una mala década para la industria, o al menos su primera mitad. Es algo ya asumido y aceptado. Obras maestras del género como Watchmen o El Regreso del Caballero Oscuro hacen que muchos escritores sin ideas se escuden en la oscuridad y la (supuesta) madurez para hacer historias tan sucias como vacías y carentes de contenido. La escasez de ideas de la época, cómo no, también alcanzó a Spider-Man, quien volvió a ver como el único elemento discordante de su origen y su pasado volvía para atormentarle: sus padres regresaban de la tumba, abriendo definitivamente la veda para que a Spider-man pudiera pasarle todo, por absurdo que fuera, o por muy bien escrito que estuviera: el ver a sus padres volver, para descubrir posteriormente que eran realmente robots creados por uno de sus más encarnizados enemigos alejaba muy mucho a Spidey de nuevo de sus raíces próximas a nosotros. Spider-Man se había inmiscuido demasiado en la vida de Parker, haciendo que ya no pudiéramos identificarnos con un viejo amigo al que habíamos visto no hacía mucho graduándose de la Universidad, con una asignatura pendiente para septiembre. Ya sus problemas no eran los nuestros: ahora sus problemas eran que Tía May no descubriera que sus padres eran robots, o que por culpa de sus clones lo acusaran de asesinato (algún día hablaremos de esta saga, ya hay algo preparado por ahí :P), o que su mayor enemigo resucitara de entre los muertos para robarle a una hija que todos (incluida la editorial) darían por muerta al poco tiempo, o que su tía May muriera para luego descubrirse que en realidad la que había muerto no era ella sino una actriz (sí, sí, como estás leyendo: para fliparlo. Y la gente se queja de lo último, que poca memoria…), o que su esposa fuera una conocida actriz y supermodelo que de repente retoma sus estudios universitarios…Historias mejor (gran parte de la saga del clon) o peor (la resurrección de May) escritas, pero alejadas por completo de ese toque de “te puede pasar a ti” que hicieron a Spider-Man el buque insignia de Marvel en los sesenta.

Y, cuando el personaje parece inmerso en un pozo sin fondo, escrito por guionistas que no tienen ni idea de cómo escribirlo y con argumentos cada uno más absurdo que el anterior, llega un guionista que conoce como debe comportarse el personaje al milímetro, con historias y argumentos que no son nuevos (todo está inventado…), pero que no traicionan para nada la idea de Spider-Man. John Michael Straczynski llega a la franquicia como un terremoto, con una historia tan peligrosa como condenadamente bien escrita, como es la batalla con Morlun, un personaje dedicado en cuerpo y alma a cazar a gente como Peter. Lo peligroso de la historia es la inclusión de elementos mágicos en la trama, que aún no pegando con el personaje, dan completamente igual, porque por 1ª vez desde los primeros cómics de DeMatteis o desde Roger Stern, Peter parece de nuevo una persona como tú y yo, que parece haber dejado atrás definitivamente la adolescencia, y asentarse en un momento de madurez como nunca ha tenido. El Spider-Man de JMS supone el reencuentro con un viejo amigo, con momentos de pura genialidad (los monólogos interiores del personaje, su interacción con el detective Lamont o con otros personajes neoyorquinos que se cruzan en su camino, o muy especialmente todo lo concerniente a la reconciliación con MJ y al descubrimiento de su identidad por Tía May). JMS no teme crear enemigos nuevos (aunque casi ninguno sea comparable a los clásicos, sólo Morlun), secundarios tan carismáticos como Ezekiel, o por primera vez en mucho tiempo, hacer evolucionar al personaje de una manera coherente y consecuente con su trayectoria, no mediante golpes de efecto como muertes, bodas, resurrecciones, hijos…que no hubieran molestado si se hubiesen hecho con calidad y cabeza. Spider-Man vive un momento de calidad envidiable, que sólo parece que podría truncarse con la marcha del guionista.
Pero entonces, dos hechos aislados e independientes uno del otro, que en un principio no deberían significar la hecatombe, comienzan a marcar el final de esta época dorada. Aunque parezca una chorrada, la marcha de Bill Jemas (el jefazo de Marvel junto con Joe Quesada) afecta a toda la idea que se llevaba manejando en Marvel los últimos años: el de la independencia de cada colección y el olvido de la continuidad. Jemas aboga por que cada serie de Marvel pueda ser leída independientemente, sin cruces con otras colecciones, y que la continuidad se ignore deliberadamente si con ello puede contarse una buena historia (como el mismo JMS hace en muchos puntos de su primera etapa). Al irse Jemas y quedarse Quesada como único capo de la empresa, se comienza a extender la idea de nuevo de recuperar la interrelación entre personajes y colecciones, algo que no es ni mucho menos una mala idea si se hiciera debidamente. Junto a la marcha de Jemas, el otro hecho, aún más clave que este, es la marcha del dibujante que tan bien se acoplaba a los textos de Straczynski: John Romita Jr. es “expulsado” de Spider-Man para dedicarse a relanzar a otros personajes como Pantera Negra o el Vigía, dejando al personaje huérfano artísticamente hablando. Esta marcha coincide curiosamente, con el cierre apresurado de la trama clave de JMS: el argumento de Ezekiel y los orígenes mágicos de Spider-man se cierra casi definitivamente en tres míseros números, que deberían haber sido un par más. Así se cierra la 1ª etapa del escritor en Spider-Man, una de las mejores en lo que llevamos de siglo, con el Spidey más humano desde los años 70.








