





Antes que nada, para todos aquellos que tengan alergia al género romántico (aunque no creo que sea inteligente aborrecer un género en especial, ya que hay buenas películas en todos los géneros, ya sean románticas, de terror o del oeste...pero bueno, al grano), destacar que, aunque (obviamente) tiene un mucho de romántica, “El Diario de Noa” es un lacrimógeno drama, y por encima de todo, una gran película.
Entremos un poco en materia: “El Diario de Noa” (“The Notebook” en su versión original) está basado en un best seller escrito por Nicholas Sparks, del cual, al igual que con “Guía del Autoestopista Galáctico”, jamás había oído hablar (y parece que últimamente sólo me ha dado por comentar películas basadas en best sellers, porque la próxima también será de ese estilo). El film narra la historia de Allie Hamilton, una joven adinerada que, junto a sus padres se traslada a un pueblecito costero para pasar el verano. Allí conocerá a Noa Calhoun, quien nada más ver a Allie sabe que están destinados a vivir juntos. Así, gracias a las imprudencias y las románticas locuras que éste realiza para llamar la atención de la chica, Allie acaba perdidamente enamorada del muchacho, dando lugar a un verano de ensueño.
Lamentablemente, el verano ha de terminar. Una serie de circunstancias (el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la reticencia de los padres de Allie a que su relación con Noa prospere...) hace que los dos jóvenes acaben distanciándose, pero el recuerdo de aquel inolvidable verano sureño acabará pesando en sus vidas más de lo que ellos pudieran sospechar en un principio.
Sí, en un principio podría parecer que la historia en sí no tiene mucho de original: un drama romántico de los de toda la vida, con sus problemas y que al final tendrá un bonito final feliz (oooooooooh!!). EEEEEERROR. “El Diario de Noa”, por simple que pudiera parecer, tiene mucho más de lo que aparenta. Su director, Nick Cassavettes sabe muy bien lo que se hace (no en vano es hijo del legendario realizador de Hollywood John Cassavettes, e incluso su madre, la inconmensurable Gena Rowlands, hace un papel clave en el film, que no revelaré para los que no se sospechen el devenir de la historia, no excesivamente imprevisible, para qué nos vamos a engañar), y narra esta lacrimógena y tormentosa relación entre dos personas condenadas a entenderse, a estar juntos por siempre, con una sencillez y sensibilidad que apabulla, que hará estremecerse al espectador menos romántico, y que maravillará a los más soñadores, pues no creo que deje indiferente a nadie. La película va saltando hacia delante y hacia atrás en el tiempo de una manera muy inteligente, sin perder nunca el núcleo central de la narración, hasta que llega un momento donde todo comienza a cuadrar, donde uno ya se huele como acabará el film antes de que acabe, donde el director consigue que una historia que, en manos de otro realizador no pasaría de un film típico de sobremesa, nos sorprenda y nos mantenga enganchados hasta el demoledor final (que para el que sea mínimamente avispado, no le resultará excesivamente sorprendente, como ya he dicho antes).
Mención aparte la labor de los intérpretes, pues no hay nada más importante en un buen drama romántico que una buena elección del reparto, la química entre éstos y, por encima de todo, que se encuentren especialmente inspirados en sus papeles. Todo eso se da en esta excelente película. Tanto Rachel McAdams (mucho ojito con esta actriz, que tiene pinta de que será una de las grandes intérpretes de su generación, y si no, al tiempo) construyendo a la perfección el papel de una encantadora y aniñada niña rica, como el excelente Ryan Gosling, nominado al Oscar por Half Nelson (film que nunca llegó a mi ciudad...ya uno se acostumbra, ¿qué vamos a hacer?)) dando vida al carismático Noa del título, personaje complicado de interpretar debido a los continuos cambios que sufre a lo largo del metraje del film, lo bordan en sus roles, pero es que el reparto de secundarios no se queda atrás, con unos perfectos (y veteranos) Gena Rowlands, Sam Shepard o Joan Allen, creando unos personajes que respiran vida, que transmiten, dando lugar a uno de los mejores repartos hollywoodienses de los últimos tiempos.
Resumiendo que es gerundio, un drama romántico perfecto para ver acompañado, y no muy recomendable para verla después de romper con alguien porque, aunque seas un tipo duro, te puede dar la llorada (es más, te puede dar la llorada aún estando acompañado, pues tiene sus momentos muy lacrimógenos, así que aviso). Avisados estáis.
PD. Por cierto, a partir de este post, las entregas de esta sección serán quincenales, para así tener más tiempo de preparar otros posts más variaditos, que entre esta sección y la de “Grandes Canciones...” no me da tiempo a escribir otra cosa...:p. Para compensar, adelanto cuál será la próxima película en ser analizada: “Todo Está Iluminado”.
Recuerdo cuando les decía a algunas personas que conozco que “Guía del Autoestopista Galáctico” era una película que quería tener, o al menos que me apetecía ver antes de morir, y la gente me miraba como si hubiera enloquecido definitivamente, como si el único tipo de películas que viera son de arte y ensayo: señores, ¡¡yo pagué una entrada por ver Garfield!! Hace años que enloquecí completamente (jajajajaJAJAJAJAJA...me centro, me centro). No porque fuera un fan del best-seller de Douglas Adam, del que jamás en mi vida había oído hablar, sino porque el film, si bien no había sido un éxito de crítica ni de taquilla (al menos en España), tenía pinta de ser un auténtico disparate, pero no al estilo de sagas como (brrr) Scary Movie, donde lo que prima es el humor grueso, simple, escatológico, racista, misógino y homófobo, basado cada vez más en parodiar cuántas más películas, mejor, y que de entre tanta morralla se salve algún chiste logrado (como alguno ya presente en el trailer de la 4ª parte). Esta era un disparate a la inglesa, lo cual no quiere decir que sea más hilarante, pero si probablemente más disparatado y ácido que el del que presumen los yankis.
Si ya siendo inglesa la película ganaba unos cuantos puntos, lo que también la hacía subir enteros era el inmejorable reparto del que hacía gala la peli. Si alguno de ustedes ha visto esa joyita de historias amorosas cruzadas llamada “Love Actually”, reconocerá en el film a algunos de los más excéntricos actores de aquella historia: el protagonista es el semidesconocido Martin Freeman (en un papel que iba a interpretar Hugh Grant en un principio), que en “Love Actually” tomaba el entrañable rol del tímido doble de actor porno que se enamoraba de su compañera de reparto; otro de los secundarios imprescindibles en “Guía...” es Bill Nighy, vieja gloria del rock en “Love Actually” (y visto recientemente por mucha gente como el excelente Davy Jones en la segunda y tercera parte de “Piratas del Caribe”), que aquí se reserva un brillante papel hacia el final. Otros actores conocidos que intervienen aquí son Alan Rickman (el Snape de Harry Potter, aquí haciendo de narrador), John Malkovich, Mos Def (que hace poco acompañaba a Bruce Willis en “16 Calles”, última película dirigida por Richard Donner), Sam Rockwell (protagonista de la opera prima en la dirección de George Clooney) o Helen Mirren (“The Queen”).
La peli comienza de manera genial, perfecta, y es solo un aperitivo de los disparates que están por venir, con los delfines abandonando la Tierra al son de “Gracias por todo el pescado!”. Después se presentan los personajes principales, a los cuales en 2 minutos los conoces como si fueran colegas de toda la vida, gracias tanto a un guión muy equilibrado como a unos actores perfectos en sus papeles (hasta Sam Rockwell, el más histriónico y disparatado del reparto no desentona en exceso). Así, poco a poco vamos conociendo a muchas de las diversas razas que pueblan la galaxia, entre las que destacan los vogones, nacidos para gobernantes, aunque no tengan conocimiento alguno de nada, y no hagan nada hasta no rellenar el correspondiente impreso. Es esto precisamente, la ironía, los paralelismos y la mala leche a la hora de describir el panorama galáctico, lo que destaca de una historia en sí, bastante sencilla, pero que, una vez que la Tierra es destruida por un genial motivo que ahora no viene al caso, se va enrevesando minuto a minuto para formar un genial tapiz de perfectos y alocados personajes secundarios, entre los que destaca por encima de cualquier otro el robot Marvin, de tendencias maníaco depresivas, que se erige en lo mejor de la película.
Por último, destacar la notable ausencia de efectos especiales generados por ordenador. Es decir, haberlos hailos, pero a diferencia de casi cualquier película made in Hollywood, gran parte de los efectos son reales: las naves, los marcianos (creados por la empresa de Jim Henson (sí, sí, el de los teleñecos), casi todo en este film es real, lo que contribuye a otorgarle al film un mayor sentimiento de autenticidad, de honestidad.
En resumen, una peli cachonda, hecha no sólo para pasar un buen rato con los colegas, sino para reírse de uno mismo, para ver buenas escenas de ciencia ficción, para seguir la historia de amor del protagonista, o simplemente para reírse con los comentarios de Marvin o la caída desde el espacio de una ballena y su reacción al ver el suelo. Un film injustamente indefendido.
¿Cuántos de ustedes han visto esa película tan friki, tan fiel a su hermano de papel, aunque algo irregular en cuanto a ritmo, como es Sin City? Si por algo destacaba ese film, aparte de por la ya mencionada fidelidad, es por sus escenarios completamente virtuales. Prácticamente no había en todo el film un solo escenario real, de carne y hueso. ¿Innovador? No señor, porque medio año antes se había estrenado en no demasiados cines una película que estaba destinada a arrasar, o por lo menos a suponer un nuevo paso en la historia de los efectos especiales. ¿Su nombre? “Sky Captain y el Mundo del Mañana”.
El artífice de todo esto es un señor llamado Kerry Conran, que durante toda su vida se había dedicado a investigar con nuevos sistemas de efectos especiales, pero sin que estos tuvieran que ser necesariamente hiperrealistas, sino como si se trataran de un serial de los años 30, con un aire a los tebeos de Flash Gordon, de Doc Savage o incluso del Mago Mandrake, de los cásicos (perdón, clásicos) de la ciencia ficción de toda la vida, con un aire decididamente retro.
Una vez consigue perfeccionar estos sistemas, decide emplearlos en un corto que comienza a circular por las grandes productoras de Hollywood, quienes parecen interesados en este nuevo sistema, ya que para colmo les abarataría gran parte de los costos de las localizaciones, puesto que este estilo no resulta tan caro, económicamente hablando. Al fin, Kerry Conran consigue la plena libertar para rodar su película, “Sky Captain y el Mundo del Mañana”, una historia protagonizada por un personaje muy influenciado por Flash Gordon, pero también por muchos otros personajes de las historias más clásicas de esta temática. Y para colmo contará con tres de los actores más importantes y solventes del momento: un atareado Jude Law (en ese mismo año rodó unas 5 o 6 películas), la siempre efectiva Gwyneth Paltrow y una Angelina Jolie que se desenvuelve bien en papeles de heroína marimacho (estará acostumbrada, pobre Brad Pitt). Todo auguraba un taquillazo, ¿no?
Pues no señor. La peli resultó ser uno de los grandes fiascos del 2004 en cuanto a crítica y recaudación. La crítica la tildaba de fría, con un guión ingenuo y unos actores que desentonaban con los efectos digitales. El público simplemente pasaba olímpicamente de ella, para ir a ver otros filmes navideños como la genial “Los Increíbles”, o la divertida “Ocean’s Twelve”. ¿Para que ir a ver películas experimentales si tienes a Pixar y a la cuadrilla de Clooney pasándoselo en grande?
Pues no estoy de acuerdo. “Sky Captain y el Mundo del Mañana” es una película de todo menos experimental. Representa un retorno a una época en la que los personajes eran entrañables, las historias deliciosamente imposibles y las imágenes absolutamente delirantes. ¿Qué en algunos momentos los efectos especiales cantan saetas? ¿Y en que película no lo hacen? Bajo mi punto de vista, los efectos cumplen de sobras su cometido de crear una atmósfera clásica, similar a las imágenes que probablemente imaginaran autores como Philip K. Dick o Isaac Asimov, con esos robots gigantes arrasando la ciudad, esas persecuciones en avioneta, esos maravillosos paisajes y criaturas de fantasía que vienen dados por un guión sencillo y sin complicaciones, que apuesta por la aventura como base, sin perderse en filosofar o teorizar sobre la mala influencia de las tecnologías, ni falta que hace. Un guión que se mantiene gracias al buen hacer de un pillo Jude Law y de una genial Gwyneth Paltrow, apoyados además en secundarios tan efectivos como Giovanni Ribisi, la Jolie o incluso un resucitado Laurence Olivier, para el que aún crea que Bryan Singer ha sido el primero en hacerlo con Marlon Brando en Supes Retorna.
No es una obra de arte, ni una joya del cine, pero se trata de una peli entrañable, a ratos entretenida, y de la que probablemente muchos cineastas recojan elementos en un futuro no demasiado lejano. Espero con interés la próxima película de Conran, que si bien no ha demostrado todavía ser un gran director, sí ha probado que su trabajo y su manera de ver las cosas no deben caer en saco roto.
En este caso, hablaremos de la penúltima película dirigida por el siempre reivindicativo Spike Lee, “La Última Noche” (aunque personalmente a mí me gusta más el título original de “The 25th Hour” (La Hora 25), por lo que no les extrañe que algunas veces hable del film con este título. Manías que tiene uno...), en la que ya se comenzaba a vislumbrar la evolución hacia un estilo más contenido y convencional (incluso sutil, algo que no es precisamente característico en la filmografía del director) que se consolida en su último film “Plan Oculto”. Un estilo en el que, sin dejar de ser reivindicativo, se maneja mejor que cuando se deja llevar y se desmadra con los temas que le tocan la fibra, como es y sigue siendo el racismo.
La trama de esta película trata sobre la última noche libre de un acusado de posesión de drogas, que al día siguiente debe iniciar su condena en prisión. La película va alternando fragmentos del presente con fragmentos del pasado, para que poco a poco vayamos entendiendo cómo evoluciona dicha persona, su historia familiar, su pandilla de amigos de siempre, y sobre todo cómo se vio involucrado en esos turbios asuntos que le obligan a pasarse media vida entre rejas, por mucho que haya sido acusado injustamente.
El film cuenta con un reparto de auténtico lujo. Quizás no sean actores archiconocidos, pero si son excelentes trabajadores que han demostrado su valía en multitud de ocasiones. Para el protagonista creo que no hacen falta presentaciones: el magnífico Edward Norton, conocido por multitud de papeles, pero quizás más por interpretar al complejo protagonista de American History X, uno de los mejores actores de la actualidad, y que aquí hace un trabajo tan sobrio como sólido, aunque Spike Lee le permita desatarse en la (magnífica) escena en la que Norton se enfrenta a su reflejo en un espejo. Su pandilla de amigos la componen los actualmente en alza Barry Pepper (por su trabajo en “Los tres Entierros de Melquíades Estrada”) y, sobre todo, Philip Seymour Hoffman, reciente ganador del Oscar por “Capote”, pero que lleva años haciendo papeles de este estilo (en este caso, de un retraído profesor que se siente atraído por una alumna de su clase, interpretada por otra actriz de calidad más que probada, la más joven ganadora de un Oscar (con 13 años, por “El Piano”), Ana Paquin, más famosa actualmente por dar vida a la Pícara de los X-Men). Para completar el tremendo reparto, la presencia de Rosario Dawson como novia de Edward Norton, principal sospechosa de haber vendido a su novio a la policía, o de Brian Cox, que interpreta al padre de Norton.
Si ya el guión está genialmente construido, la dirección de Lee no se queda atrás. Un montaje precipitado cuando debe serlo, pero extrañamente pausado para tratarse de una película del director de “Malcom X”, que permite al espectador adentrarse en la psicología del protagonista, y comprobando que, si bien el personaje de Norton no es ninguna joya, el ambiente que lo rodeaba no era tampoco muy favorable, sin que esto sirva de disculpa en ningún momento (aunque la culpabilidad del personaje nunca está muy clara a lo largo de la película). No es una película para nada convencional, ni siquiera su final, que parece incluso burlarse de esas películas en las que todo acaba siempre bien, y que te deja con una sabor agridulce. Además, “La Última Noche” tiene el dudoso honor de ser la primera en tratar decentemente la tragedia del 11-S, pues si algo destaca de lo mucho de destacable que tiene el film es el conseguir reproducir de una manera perfecta la sensación de desencanto, de pesimismo que se asienta en la sociedad neoyorquina después de aquel horroroso atentado, y que se extiende durante toda la película, pero sin caer en lo obvio, sino oculto en el carácter de los personajes (y que se refleja de manera perfecta en dos escenas: en la conversación de Pepper y Hoffman en el apartamento del primero, y en la ya mencionada escena de Norton con el espejo).
En resumidas cuentas, un guión perfecto en su desarrollo, una dirección arriesgada pero contenida y unos actores inmensos hacen de “The 25th Tour”, sencillamente, una de las mejores películas de los últimos años, a la que el público dio en su momento de lado, pero que merece una nueva oportunidad.
Inauguramos nueva sección, “Defendiendo lo Indefendido”, que viene a reciclar la sección de nuestro espacio del messenger titulada “El Infierno Espera”. Éste nuevo espacio se centrará en defender películas, libros, cómics, cds o cualquier otra cosa que fueran en su momento ignorados, bien por crítica o por público. En un principio esta sección intentará ser semanal, pero pasará a ser quincenal dentro de un tiempo (ya avisaremos cuando toque :p). Atentos además esta semana, que probablemente inauguremos alguna otra nueva sección de tono más musical, o algo así, xD. Bueno, a lo que toca.
Creo (espero) que muchos de los que nos leen reconocerán que, tanto “American Beauty” como la nunca suficientemente admirada “Camino a la Perdición” (es que, que una peli de gángsters esté basada en un cómic, y que encima esté bien hecha...ay, la baba) son dos de las mejores películas que se han podido ver en una pantalla de cine en los últimos años, por mucho que algunos las tilden de sobrevaloradas. “American Beauty” es una genial crónica sobre la sociedad yanki y sobre la búsqueda de su ansiado “american dream”, donde el peso de la película recaía principalmente en los actores, que debían ser fieles representantes de la hipocresía de la que presumen los estadounidenses. Así, tanto Annette Benning (a la que, creo, se le está subiendo un poco la fama a la cabeza según las apariciones y declaraciones que realiza, muy en plan “porque yo lo valgo”) como el siempre perfecto Kevin Spacey, pasando por Wes Bentley, Chris Cooper o Mena Suvari (que ya ha pasado a la historia del cine por protagonizar una de las escenas de más y mejor carga erótica (que aprenda Sharon Stone y sus segundos instintos básicos) de las últimas décadas: la de los pétalos de rosa), todos representaban sus papeles de una manera deliciosamente irónica, a lo que se sumaba una dirección casi teatral de Sam Mendes, una música muy característica del film, y un toque de histrionismo muy delicado, que siempre bordea el límite. Un arriesgado debut para un director novel (en cine) que se saldaría con el triunfo en los Oscar.
Más clásica sería su segunda incursión en el cine: “Camino a la Perdición”, donde elaboraría una trama de traiciones, venganza y redención, con todo el sabor de las películas antiguas de Gángsters, y además, basada en un cómic, el cual es más tópico en su desarrollo, aunque de dibujo a tinta excepcional. Y es en este film donde el marido de Kate Winslet (sí, Mendes es el marido de la chica de Titanic) demuestra toda su habilidad como realizador, ya que si bien la historia puede ser algo previsible (como ocurre en todas las pelis de mafias), y que incluso llega a recordar a la historia de Al Pacino en “El Padrino 2”, lo importante es cómo esta contada, madre mía. Todo destaca en esta película, que incluso se te llega a hacer corta: la contenida interpretación de Tom Hanks (a este hombre deberían darle un Oscar por cada interpretación que hace), el maravilloso papel de Paul Newman (a quien debían haber dado un Oscar por éste personaje), los descubrimientos (para quien no los conociera de antes) de Jude Law (gran asesino a sueldo) y Daniel Craig, la música de Newman (no Paul, sino Thomas (o Randy, no me acuerdo!)), la mayoría de los diálogos (en especial los de Paul Newman con Tom Hanks) y los momentos en los que éstos no son necesarios (la venganza del personaje de Hanks, la escena del piano...), y sobre todo, la MARAVILLOSA fotografía de Conrad (¡tenía que llamarse así!) L. Hall, ganador de un Oscar póstumo por este film. Para mí, una de las tres mejores películas de aquel año (junto con “Las Horas” y “El Pianista”), y desde luego, la mejor de su realizador.
Y ahora nos llega con una peli bélica (¿es que pretende tocar todos los géneros cinematográficos?), que desde luego, es más que eso, y sobre todo diferente al resto. En lugar de centrarse en la evolución de la guerra (Apocalipsis Now, Salvad al Soldado Ryan...) o en las secuelas para sus protagonistas (El Cazador...), se centra en el durante, y por encima de todo, en el aburrimiento y el absurdo que estos conflictos suponen. No es una película con mensaje, no transmite una opinión, no dice “La guerra es mala”, no le hace falta. Solo muestra lo que unos soldados cualquiera, con sus problemas familiares y sus traumas personales (genial el fragmento que nos muestra el pasado del protagonista, un hipervitaminado Jake Gyllenhall que persiguió a Mendes para conseguir un papel) tienen que pasar durante estas tonterías: el prepararte cientos de días para nada, el esperar a que pase algo, y el desgaste que eso les supone para sus cada vez más enfermas cabezas, que está plasmado de una manera perfecta en la escena de la “seca” pesadilla surrealista de Swofford, el prota. Y es que con la película con la que mejor se puede comparar ésta es con la ópera prima de Mendes “American Beauty”, donde ese surrealismo, en ocasiones absurdo, en ocasiones terrorífico, domina la narración, con esa imprevisibilidad del no saber cuando va a cambiar de ser una locura a ser un drama, o un film de guerra. Mendes vuelve a hacer gala de un genial dominio del tempo narrativo, ya que consigue que una película de poco más de 1 hora y cuarto llegue a parecer que son tres horas y mucho, no porque se haga larga, sino porque te transmite perfectamente lo que pretende: el aburrimiento, la sensación de que una guerra de 4 días dura siglos, y que es algo que los críticos no han sabido o no han querido ver. Pero es que ésta, que es la principal virtud de la película, es un arma de doble filo, ya que a veces se convierte en su único defecto: no es una historia, no narra nada específico, sino que describe como lo viven los soldados, y a veces esto llega a causar una excesiva monotonía, con escenas que no hacen avanzar la trama, sino que profundizan en la personalidad de los protagonistas, algo que, aún así no es malo.
Como es habitual en las películas del director, tiene una buena música (en este caso con más canciones antiguas que las otras dos: destaca sobre todo el momento en el que se usa la conocidísima “Don’t worry, be happy”, después de una de las escenas más divertidas de la película) y una excepcional fotografía (impresionantes los paisajes de los pozos petrolíferos, para quedarse con la boca abierta). Además, aunque los actores no lleguen al nivel de los de las anteriores películas de Sam Mendes, sí que mantienen alto la calidad del film, en especial el ex-cowboy homosexual Gyllenhaal, Peter Saarsgard y Jamie Foxx (en un papel tan antipático como lamentablemente fiel a la realidad). Una muy buena película que, si bien no es la mejor del realizador, sí que se merecía un poquito de atención por parte de la crítica y del público. No digo que mereciera llevarse 8 Oscars, pero sí un buen porrón de nominaciones, viendo además la calidad de dos de las triunfadoras de la gala de aquel año, como eran Crash y Memorias de una Geisha, filmes a las que espero que el tiempo ponga en su sitio.