Mostrando entradas con la etiqueta Relatos Entidosos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos Entidosos. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de diciembre de 2009

La nostalgia esmeralda


“En el alféizar la nieve comenzaba a derretirse. Los primeros haces de luz traían consigo un nuevo amanecer y daban calor a los pájaros que se acurrucaban en sus nidos. Muy temprano aún para salir a jugar, Caroline y Andy desayunaban sus gachas y discutían cómo vestir al muñeco de nieve. Mientras, mamá preparaba las bufandas color burdeos y los grandes abrigos dentro de los que desaparecían los pequeños nada más salir al inmenso manto blanco en que se convertían cada invierno las calles de Broadford.”


-¿Qué es Broadford, abuela?


-Broadford es el pueblo en el que crecí. No queda lejos de aquí.


-¿Podemos ir, mamá?


- Ahora no. Deberías dejar descansar a la abuela, lleva un día agotador.


-No, no Cathy. Quiero acabar el cuento…


“El enorme abeto que decoraba el salón de los McKinney brillaba de un intenso verde, el mismo color de los luceros desde los que la pequeña Caroline miraba por la ventana cómo su hermano mayor recogía una ramitas caídas. Papá tarareaba un alegre villancico que de pronto quedó interrumpido. El sonido del horno al cerrarse y un delicioso aroma a manzanas asadas auguraban una agradable tarde.”


-Lo siento mamá, pero tenemos que irnos ya. Di adiós a la abuela, Caleb.


- Adiós abuela. ¿Me terminarás de contar el cuento mañana?


- ¿Qué? Ah, por supuesto, cariño. No me moveré de aquí.


La oscuridad de la noche se desvanece y, con ella, el fulgor esmeralda que ilumina la habitación. Un nuevo día llega y la pequeña niña por fin abandona esa fría y oscura habitación. Envuelta en un suave aroma a leña y pastel de manzanas, regresa a casa, dispuesta a celebrar con su familia otro día de Navidad.

jueves, 16 de julio de 2009

Fábula Entidosa de cuatro jornadas mediterráneamente frikis:


- ¡Mamá, mamá! ¡Cuéntanos una historia má! ¡Má!

- Dios, estos críos, no se callan ni debajo del agua.

- ¡Má, má, má, má, má …!

- ¿Por qué no le dais la lata al tito Entiman un ratito? Ya sabéis lo mucho que le gusta contar batallitas.

- ¡Tito Entiman! ¡Tito Entiman! ¡Tito Entiman!

- Decidme, oh jóvenes entifans prometedores. ¿Qué queréis de vuestro humilde Entitito?

- Eh, hmmm …err… no entendemos…

- ¿Queréis una historia, verdad?

- ¡Sí, tito Entiman!

- Bien pues, sentaos queridos míos, alrededor del hogareño fuego de la chimenea y preparaos para oír una breve pero intensa historia.

- Tito, pero si no tenemos chimenea …

- Todo comenzó el 27 de mayo del 2009, 15 años hacen ya. Locke y yo tomamos un avión, después de que servidor probará la pizza con mayor número de champiñones por metro cuadrado que haya conocido hombre alguno. Una vez digeridos, nos dirigimos rumbo a la aventura catalana, a frikear como estaba mandado (bueno, tito Locke a buscar camisetas de Superman, lo cual era un frikeo muy especifico). Una vez el avión aterriza, comenzamos a escuchar vítores y demás actos de alegría desbordada. Dicen que es por no sé qué partido de eso a lo que se juega dando patadas a un balón, pero es obvio que la llegada de su modesto servidor Entiman El Grande había causado furor. Quizás las banderas y camisetas del Barça quedaban un poco fuera de lugar, pero bueno, tendría algún tipo de explicación lógica, imagino. Tomamos un bus hasta la Plaza Sans, acompañados de una entrañable señora que pregunta a cada 5 minutos cómo va el dichoso encuentro. Llegamos al hostal, dejamos los bultos, hacemos llamadas pertinentes y esemeses necesarios y nos encaminamos al Pans que ya habíamos hecho nuestro un par de años antes, en nuestra anterior visita friki a la ciudad condal. Cenamos, la gente empieza a agolparse en las calles, casi con toda seguridad por mi atrayente presencia, y no por que no se qué equipo haya ganado no se qué copa sin importancia, y nosotros volvemos al hostal, a apijamarnos (cada uno a sí mismo, al menos ese día) y dormir como angelitos.

Como el señor Locke es un hombre ocupado, y su vida social en Barna es agitada, lo dejé ir a su aire, mientras yo me disponía a asistir a un importante acto que requería mi enti-presencia. La legendaria Entifan Carol Bensler presentaba un maravilloso proyecto, escasamente escatológico, en su fácilmente ilocalizable instituto. Sin dudarlo un solo segundo, seguí sus indicaciones al pie de la letra para llegar, no sin ciertas dificultades debidas a mi celebérrima capacidad de orientación, y a la vaguedad de las instrucciones de la entifana. Embutido en chaqueta de cuero y con mis gafas de sol, entro cual estrella de rock por el instituto, donde encuentro a la señorita haciendo un receso. Después de colarme fácilmente en su clase como infiltrado, y presenciar algunas exposiciones interesantes, pero intrascendentes al ser de insulsas personas no adoctrinadas en nuestra entifé, llegó el momento de LA presentación.

Carol Bensler se levantó decidida, cogió su proyecto y se dispuso a presentarlo ante el resto de alumnos, la profesora, y el mismísimo Entiman in person. Sin un atisbo de duda en su mirada, comenzó a defender de manera decidida, sin nervios, pausas o tensión alguna, las motivaciones que le habían empujado a llevar a cabo semejante hazaña ejemplar. Haciendo gala de una calma inusitada, y de una tranquilidad pasmosa, defendió su idea plenamente convencida, dejando a los asistentes sin habla, asombrados ante la solidez de sus argumentos. Una vez hubo terminado, y sin gota de sudor que empañara su rostro, dejó su water-llavero con el resto de trabajos y regresó a su asiento, con la satisfacción del trabajo bien hecho. La ovación era realmente ensordecedora.

(Nota: Estos hechos puede que hayan sido parcialmente dramatizados)

Después de caricaturizar a Carol en mi Moleskine, ceder ante las tentaciones alimenticias que se daban cita en esa clase, y perder gran parte de mi calderilla en una parada de metro, haciendo gala de mi archiconocida y grácil manera de moverme, regresé a la Fira y de ahí me dirigí hacia las Ramblas, sin destino fijo. Es en ese momento cuando Locke me telefonea rápido y presto para ofrecerme un improvisado plan, basado en almorzar con su hermano y otras compañías femeninas, en un restaurante que el calvo de Lost decía haber visitado, pero en el que, a pesar de su convencimiento, y como muy bien no dejaba de recordarle su hermano, jamás había puesto un pie, y que tal convencimiento se debía a la cantidad de alucinógenos que estaba consumiendo en Milano (como si a Locke le hicieran falta alucinógenos). Después de un agradable almuerzo, con momentos “un poco Lost”, regresamos al hostal, para descansar un momento de la ajetreada mañana. Al poco tiempo abandoné a Locke a su suerte, para disponerme a visitar al bueno de Fran, con el cual hice el obligatorio recorrido friki (durante el cual me convenció para agenciarme el “Hacer Cómics” de McCloud, una auténtica Biblia que no podría serme más útil), me otorgó la pulsera púrpura para entrar y salir del Saló sin necesidad de entradas ni demás engorros, y charlé agradablemente de lo divino y de lo humano. Después de darle un par de obsequios italianos difíciles de conseguir, nos despedimos antes de que la marea azulgrana nos absorbiera. Locke me esperaba en los columpios cercanos al hostal para tomar un amarillento refrigerio y quedar de nuevo con Miguel, su griposo hermano, para cenar por la zona. Muchos desvaríos después, regresamos al centro de operaciones. Al día siguiente cambiábamos de habitación, y debíamos estar preparados, porque en breve, el hostal comenzaría a llenarse de gente interesante.


Entiman y Francesc, una pareja que removerá los cimientos del cómic mundial ... o algo.


El viernes, Entiman recibe como merece a la Entifan Dark Phoenix (como para confundirse de Entifan, con semejante camiseta), la cual emigra con Mushu al Salón, para comenzar a cumplir sus labores de becaria, mientras yo vuelvo a la habitación para recoger todo y hacer el cambio de habitación lo antes posible, para que al llegar el legendario The Nobody esté todo más que listo. A eso de la una y media de la tarde, con las llaves de nuestra nueva habitación triple entre manos, recogemos al señor The Nobody en la estación de Sants, y nos disponemos a almorzar sin Locke, a quien le espera una jornada repleta de compromisos sociales que harán que no pueda pasearse por el Saló. Una vez almorzados y puestos al día, Don Nadie y yo vamos, metro mediante, al susodicho centro de la cultura friki. Y sigue siendo tan grande como lo recordaba, aunque, eso sí, bastante menos repleto de sudoroso frikerío. Una vez revisados por encima todos los stands y exposiciones, empieza la cacería, que en esa jornada se reduce a un par de cómics de Dolmen, en concreto tres: “El Cazador de Rayos”, “Kobe” y “Espiderman 4”. Nos encontramos con la señorita darfeni y con Mushu, el cual es vilmente abandonado por la señorita cósmica para unirse a nosotros y pasear por el palacete friki. Dejamos pasar al gran Joaquín Reyes, descubrimos a unas lectoras de periódicos algo misteriosas y, cuando el cansancio nos puede, buscamos un rincón para aposentarnos, en el cual permanecemos dos horas enteras.

Hola, señorita reportera. ¿De quién se esconde?

Rincón por el cual se pasan Kike, Merrick (un placer enorme conocer al señor paquidérmico en persona, con quien me hubiera gustado parlotear un rato más), Mushu (para ponernos a parir a los tres, para variar), Edu Berganzo e incluso el mismísimo Jotacé in person. Sí niños, fui honrado con tener al señor marciano sentado en nuestro mismo rincón. Y claro, como una Entidad siempre viaja precavida, su sacrosanta marcianidad se llevó un merecido obsequio en forma de dibujo, dedicado específicamente per lui. Y no sería el único en llevarse un Entidibujo original, no. Después de que nos echaran sin miramientos del Saló, nos juntamos un grupito curioso (y exageradamente tinerfeño para estar en tierras mediterráneas), al añadirse Iván, Tito y demás especimenes isleños, y comenzamos con la desesperada búsqueda de un lugar para cenar. Al final nos agenciamos un bar casi para nosotros solos, y acabamos con sus provisiones de bocadillos (algunos más tardíos que otros) y bravas. Tras una serie de conversaciones tremendamente surrealistas e idas de olla varias, un par de horas después abandonamos el local. The Nobody, Dark Phoenix, Mushu y vuestro tito Entiman vuelven a la zona Sants, donde Mushu se separa (para perderse de manera irremediable), dejándonos a los tres restantes a las puertas del hostal. Presentamos a la señorita como es debido al señor Locke, quien hacía curiosos ruidos al otro lado de la puerta, la cósmica también es galardonada con un Entidibujo dedicado (y ya iban 2) y vamos todos a nuestras respectivas camas a descansar antes del día de la Semi-Entiquedada.

Contemplad, la inigualable belleza marciana


El sábado Darfeni madruga en su zulo, mientras el ya conocido como “trío calavera” dormíamos plácidamente, sin ninguna prisa por despertarnos, ya que el Saló no iba a moverse de ahí. Salimos a media mañana, a desayunar como caballeros y a saquear cajeros catalanes, mientras empiezo a recibir llamadas telefónicas que preguntan educadamente si ya rondo por los stands frikis. Así, casi al mediodía llegamos al Saló, Locke se da un paseo panorámico, buscando su camiseta, pero niente, su Supercamiseta ha dejado de fabricarse, aunque haya un individuo que vaya provocando con una, y al que estuvimos tentados de secuestrar y desnudar de cintura para arriba para compensar semejante injusticia. Dando vueltas encontramos a Carol Bensler y conocimos por fin al simpar Guerat, dos Entifans con quienes supone un gustazo hablar. Al rato volvemos a encontrarnos con Mushu y Darkie, la cual decide acompañarnos a almorzar a un oscuro y repleto bar, en el que el dueño se debe mover a la velocidad del rayo para atender todas las numerosas peticiones de hamburguesas grasientas y caseras. Sin que nada reseñable pase ahí dentro, salimos a la cegadora luz del sol y volvemos a dirigirnos a la archiconocida Fira, donde la cósmica marcha a ejercer sus labores de becaria, y el resto del trío quedamos con Fran, aunque el trío rápidamente se reduce a mí mismo, pues Locke y The Nobody, para variar, se perdieron entre la multitud. Pasamos por el stand de Malavida, donde Fran recibió una genial dedicatoria, nos topamos con Cels Piñol (aunque de eso me percaté una vez había marchado) y nos sentamos a beber algo, reencontrándonos ahí con la pareja extraviada, y con Iván. La tarde fue desde entonces un caos de encuentros y desencuentros. Volvimos a perder a esos dos, al final Fran e Iván se quedaron un rato solos mientras me propuse ir a buscarlos, descubrí a Dark Phoenix sacándose fotos con calvos, Un Tete (acompañado por su séquito) me reconoció por la enti-camiseta, reencontré al resto del trío calavera y les presenté a Guerat y Carol (quienes seguían rondando el stand de Gigamesh), me reencontré con Fran, vi a David Hernando, quedé con DP, perdí a esos dos one more time, realicé las últimas compras del Saló (Joker de Azzarello, All Star Superman, 1985 1, Hellblazer de Azzarello, Los Muertos Vivientes 2 …) y, ya agotados, la cósmica y yo nos sentamos en el chochoa de Flash Gordon, en el que luego recaerían Fran, Carol, Guerat, Locke y The Nobody, para enfilar de una vez la Semi-Entiquedada.

El violento chochoa de Flash Gordon. Inabarcable.


Podría estar un largo rato contándoos qué tal fue la quedada, pero creo que sólo hacen falta algunos detalles, ya que las imágenes lo dirán todo. Muchos blogueros, reencuentros con viejos amigos, y con anteriores asistentes a EntiQuedadas, y algunos originales para Entifans. En concreto para Conner Kent (un original de Pacto de Sangre), Locke (que jamás lo vio venir a pesar de vivir en el mismo piso, bwahahahaha), Kike (otro Entifan con el que siempre es un placer charlar … que suerte tenemos con los Entifans que nos han tocado, oye), Guerat (un hermoso retrato) y The Nobody, aunque este último fuera un poco por no dejar a ningún seguidor descontento, ya que bastantes EntiDibujos tiene este hombre ya. Pero lo dicho, si queréis ver el ambiente que allí se respiraba, poco puedo deciros yo, niños. Las fotos sin censura lo dicen todo.

Mushu, El Tete, Conner y démás en los preliminares de la legendaria quedada.

De izquierda a derecha, Entiman, The Nobody y Locke, el mítico "trío calavera"

Añadimos a Dark Phoenix a la mezcla y completamos un grandioso cuarteto

Entiman el Showman y The Nobody, otra pareja que removerá cimientos, o estómagos.

Los fantabulosos Guerat y Carol Bensler, presumiendo de Enti-Dibujo 100 x 100 original


Después, nos escindimos un pequeño grupo (compuesto por Locke, The Nobody, Carol, Guerat, Raxxar (déjate caer más por aquí, no te desaparezcas, golfo), Dark Phoenix y vuestro tito) y partimos hacia la zona centro, metro mediante, hacia un local de hamburguesas saludables que devoramos con ansia, creando más de un momento de silencio eterno, rotos por interesantes debates sobre Gandalf y DragonBall Evolution. Raxxar abandonó primero el barco, pues como experto salonero, debía madrugar para cazar firmas y dibujos varios. Posteriormente, y a pesar del enorme cansancio, Locke, The Nobody, Guerat y Carol decidieron pasarse por la Lost-fiesta que se celebraba en el local temático de Bharma, mientras que Darkie y yo, que no podíamos con nuestras almas, regresamos al hostal, donde al fin descansamos de tanto ajetreo.


De izquierda a derecha: Carol, Guerat, Raxxar, The Nobody, Locke y Entiman, degustando.


Día siguiente. Cansancio, avión y vuelta a la rutina milanesa, queridos niños. Así es como se aprovecha un Salón del Cómic, como Chuck manda.

- Jo, ¡cómo ha molado la historia, tito Entiman!

- Lo sé niños, creedme que lo sé.

- Pero ¿y lo que hemos oído por ahí de que nadie te reconocía con la Enticamiseta?

- Jum, eso son sólo leyendas para dejarme en mal lugar. Envidias.

- ¿Y lo de que casi te caes de un taburete durante el almuerzo del sábado?

- Ehm, eso no … eso …

- ¿Y lo de que no reconociste a Kike y Merrick hasta que ya se iban?

- Bueno, ya está bien niños, ¡¿queréis parar ya?! Que ahora tengo un compromiso y ya llego tarde.

- ¿Y por qué llevas unas patillas como Lobezno?

- Ehm…

- ¿Y chaqueta de cuero?

- Jum…

- Joer tito Entiman, los años te han vuelto cada vez más rarito.

- Jesús, estos niñatos de hoy en día …


domingo, 17 de agosto de 2008

Vida en Polvo


Ojalá el comienzo de mi historia fuera un poco más original, pero la verdad es que no podía ser más básica. Casi primaria. Mis padres no se conocían de nada, ni antes de tenerme ni después. Fui fruto de la pasión, del bien llamado “polvo de una noche”. Mis padres se acercaron, se restregaron mutuamente y voilá! De ahí salí yo. El amor nada tuvo que ver ahí. Es algo que entre los nuestros hemos aprendido a considerar un mito, eso del “amor”.


Nunca conocí a mi madre. No recuerdo nada de ella, ni sé si conservo alguno de sus rasgos característicos. No sé si mi verborrea viene de ella, o si mis ojos tristones son los suyos. La verdad es que tampoco me interesa, ya desde pequeño aprendí que sé desenvolverme bien sólo. Nunca me ha hecho falta nadie, ni viceversa. Y he llegado hasta aquí, así que mal no me ha ido precisamente. He dejado atrás amigos, eso es obvio, pero no los hecho de menos. Son épocas que deben pasar, que curten y que son un paso más hacia la meta, a la que siempre llegas sólo.


Después de mi accidental nacimiento, podría decirse que deambulé entre las calles, sin un rumbo fijo. Normal, si tenéis en cuenta que todo era nuevo. Todo era desorden, ruido y caos. Nadie se fijaba en mí, no era lo suficientemente grande todavía como para llamar la atención, así que intentaba apañármelas como podía. La suciedad, los restos de cosas que la gente olvidaba me alimentaban, y así poco a poco iba creciendo. Lo suficiente como para poder empezar a controlar mi camino y no ser un pelele movido por la corriente.


Rondé por un almacén abandonado un tiempo. Allí había una provisión casi infinita de alimentos, nadie lo visitaba, y sólo tenía que preocuparme de la intrusión de algún otro perro de cuando en cuando. Quizás debería haberme preocupado más. Un día, uno de esos perros, de ojos vivos y despiertos, me enganchó. Aunque yo seguía creciendo a buen ritmo, el chucho no se percató de mi compañía, salvo por algún picor ocasional, por el cual siempre me disculpaba, ya que nunca eran intencionados. Todavía no controlaba bien mi cuerpo.


Las cosas estaban a punto de cambiar para peor. Unos días después de quedar “enganchados”, la puerta del almacén se abrió. Los de la perrera nos buscaban. Bueno, a mí no (dudo siquiera que supieran que estaba allí), sino a Toby. Sí, llamadme tópico, pero el nombre le iba como anillo al dedo. Además, rimaba con el mío, y así lo podía recordar mejor.


¿Cómo? ¿Qué todavía no me he presentado? Por favor, qué modales los míos.


Me llamo Jimmy.


Soy una mota de polvo.


Y así comienza mi historia.


sábado, 26 de abril de 2008

Hogar



(Dibujo dedicado a The Nobody. Él sabe por qué, xD)

Algunos lo sabíais ya. Otros probablemente no os habíais enganchado todavía a esta bitácora de este par de dos, pero visto el éxito de nuestro último relato, y visto que en su momento, por más que hablamos del tema, no lo posteamos, aquí está "Hogar".

"Hogar" es un relato escrito por ambos (más por uno que por otro, pero dejémoslo ahí, xD) que presentamos a un concurso organizado por la página Zona Negativa, relacionado con la serie "Héroes". Elegirían los 5 relatos que más les gustaran y les enviarían un pack con la primera temporada del show. Al final, milagrosamente, resultamos ser uno de los 5 finalistas, y decimos milagrosamente por el enorme nivel que mostraban las otras historias ganadoras. Por cierto, que el gran Korni fue otro de los triunfadores, con una genial y oscura historia que ponía los pelos de punta.

Ahora lo leemos y la verdad es que cambiaríamos mil cosas, normal teniendo en cuenta que apenas tardamos una hora en escribirlo y media en revisarlo para que entrara en plazo, pero como ya le hemos cogido cariño a la trama del chavalín tal como está, pues no hemos tocado ni una coma.

De polémicas y comentarios hirientes mejor no hablamos, que entre el nuestro y el de Korni recibimos una buena leña. Menos mal que algunos eran educados y criticaban lo que no les gustaba con un poquito de respeto, de los que sacamos algunas conclusiones para futuras historias. Por supuesto, si no os gusta no os cortéis, que nosotros ya os tenemos calados y sabemos 
que sois gente de bien.

Sin más preámbulos...





Hogar

Muerto. Mi cuerpo yacía en el arenoso terreno, inmóvil. No era la primera vez, desde luego, pero quizás esta ocasión era la única en la que realmente me había planteado no levantarme, no volver a una vida tan dolorosa como insustancial. Y mi reciente muerte era buena prueba de ello.

No hacía mucho que me había dado cuenta de mis extrañas habilidades, aunque por detalles insignificantes: la cama algo más sucia de lo normal al despertarme, lo mismo ocurría con la ducha cada vez que terminaba de usarla, extraños y atosigantes sueños de los que nunca recordaba nada…Lo dicho, minucias que, aunque me preocupaban, no eran tampoco nada extraordinario, no era como volar o sentir detenerse el tiempo. Simplemente era polvo que se llevaría el viento.

Además que tampoco mi situación en casa era como para descentrarme por esas menudencias. Mi padre andaba continuamente malhumorado debido a su sobrecarga de trabajo, lo que hacía que las discusiones fueran constantes. No era fácil tener que hacerse cargo de un adolescente, más aún sin otro hombro donde llorar, pues el dolor causado por la muerte de mamá había ido convirtiendo a papá en una persona cada vez más irascible y huraña. Se enfadaba por cualquier cosa, no ascendía en el trabajo, al contrario que nuestras deudas, que no hacían más que crecer. Las continuas visitas del casero no hacían sino empeorar el ya de por sí tenso ambiente en casa, lo que hacía que yo intentara evitar pasar allí más tiempo del estrictamente necesario, pues lo único que conseguiría estudiando allí sería una insufrible migraña.

¿Amigos? ¿Dónde? Nunca había tenido suerte con eso de “hacer amigos”: ni en primaria, ni ahora, y lo peor es que este asunto tampoco iba mejor de lo que iba el del hogar. A pesar de mis intentos de pasar lo más desapercibido posible, éstos eran cada vez más inútiles. Las bromas crueles, los chistes por los pasillos y los rumores infundados que se propagaban como la pólvora hacían al instituto otro lugar donde iba a ser imposible el relajarse. Ni en casa, ni en clase… ¿dónde refugiarse?

Decidí buscar un lugar donde pasar los ratos muertos, donde poder estar en mi tiempo libre sin preocupaciones de ningún tipo, sin tener que estar mirando constantemente por encima del hombro o soportando estoicamente los gritos de mi padre. Como si de unos cantos de sirena se tratasen, acabé yendo a parar todos los días a una playa cercana, donde me sentaba durante horas en la arena a contemplar el horizonte. Esos se convirtieron indiscutiblemente en los mejores momentos del día durante semanas, en las que incluso llegué a faltar a clase en más de una ocasión, debido a que aquella playa se había convertido para mí en algo tan indispensable como respirar.

Todo cambió harán ahora 2 semanas. El instituto había puesto al corriente a mi padre sobre mis cada vez más frecuentes ausencias injustificadas, lo que me llevó a confesarle todo sobre mis escapadas playeras. Eso conllevaría a que éstas fueran cada vez menos frecuentes, agriando mi carácter más y más cada día. Una mañana, al salir de uno de esos extraños sueños, noté que me ahogaba. Tosí y tosí, hasta que mi garganta se aclaró y mis pulmones se limpiaron, dejando un sabor salado en mis secos labios. Sobre la cama quedaba lo que mi cuerpo había expulsado. Y me di cuenta entonces de lo que era realmente aquella suciedad que estos meses me había acompañado. Arena. Miles de granos de arena. Mi cuerpo se deshacía en ella.

Me intenté dirigir al espejo más cercano para comprobar cuán grave era el problema, pero me era físicamente imposible. Mis piernas se encontraban ancladas en la cama, convertidas en una ingente cantidad de arena mojada. Y con horror comprobé que no era un efecto aislado. Las toses que habían aclarado mi garganta habían abierto una brecha en mi pecho, brecha que se supongo rellenaría la arena que ahora yacía en mi cama. Mis manos también comenzaban a disolverse poco a poco, convirtiéndose en cientos de diminutos granos independientes uno de otro. Al cabo de unos minutos, ya no quedaba nada de lo que antaño había sido mi cuerpo. Mi conciencia flotaba, manteniéndose común a toda la arena esparcida a lo ancho y largo de mi lecho, pero incapaz de mover un músculo, si es que aún tenía alguno. Fue la primera de mis muertes, que duró horas hasta que conseguí, con un esfuerzo titánico, recomponer pedazo a pedazo mi anterior y concreta forma, lo que también llevaría su tiempo. Para cuando mi padre llegó, yo ya estaba totalmente compuesto de nuevo. Lamentablemente el tutor de mi clase había dejado un mensaje en el contestador, que le informó de mi nueva ausencia sin justificar. Demasiado cansado para abroncarme, papá dio media vuelta y salió por la puerta, para no volver hasta bien entrada la noche.

El problema es que cada mañana era peor. Cada día mi cuerpo despertaba totalmente esparcido por todo el cuarto, aunque afortunadamente papá salía a trabajar antes de que yo me despertara totalmente convertido en ese ser informe y arenoso. La buena noticia es que cada vez costaba menos el volver a mi estado normal, hasta tal punto que a los pocos días de mi primera “muerte”, ya podía ir al instituto con total normalidad. Pero allí las cosas seguían igual. La vida continuaba igual de monótona, con la salvedad de que ahora yo tenía un secreto, un aliciente que me hacía más especial que la fauna que diariamente me encontraba en mi clase. Así que, aún habiéndome quedando sin mis escapadas por un tiempo, volvía a tener algo por lo que merecía levantarse cada día.


Con el paso de los días aprendí a controlar mis nuevas habilidades, aunque poca utilidad les encontraba. ¿Por qué tenía estos poderes? ¿Por qué ahora? Y lo que era más importante, ¿tenía alguna responsabilidad sobre ellos? ¿Ayudar a la gente? ¿A mi padre? Si ayudara a papá no sería en beneficio personal, sería por amor a alguien querido que se encontraba en un gran bache. Sí, estaba decidido. El primer objetivo sería ayudarle… La pregunta era ¿cómo?

Lamentablemente, esta pregunta quedó ayer sin respuesta. Llamaron del trabajo diciendo que papá no había aparecido. No contestaba al móvil y nadie sabía más de lo que yo mismo sabía: que estas semanas estaba cada vez más apagado. Pensé que lo encontraría en algún bar cercano, pero después de una exhaustiva búsqueda infructuosa me rendí, y decidí a esperar a que él diera señales de vida. Durante el camino de vuelta a casa la vibración del móvil me sobresaltó. Una voz profunda, de cadencia temerosa preguntaba mi nombre. Hablaba en nombre de la policía: un borracho había declarado haber atropellado a un hombre a primera hora de la mañana, pero no habían encontrado de la víctima más que sus efectos personales, los cuales desvelaban su identidad. Su padre había sido atropellado, y su estado, en caso de seguir vivo, era muy grave, pero su cuerpo se hallaba en paradero desconocido. Y aquí es cuando volví a “morir”, mi cuerpo se deshizo en mitad de la calle, provocando el pavor de todos los transeúntes. Pero poco me importaba. Sin mi padre, ¿Qué hago ahora? ¿Hogares de acogida? ¿Buscarme la vida por mi cuenta? Prefiero vivir como un montón de arena, con un rumbo que sólo el viento defina. No me planteo siquiera seguir en el instituto. ¿Ya para qué?

Oigo una voz, tan lejana como sorprendentemente cálida y familiar, atraída por la brisa, que me invita a ir al lugar que sé que es mi hogar. Dejo que ésta agradable brisa me lleve, alzándome sobre el impersonal bullicio de la ciudad y deslizándome a través de las corrientes de aire hasta el que se había convertido estos meses en mi verdadero hogar: la desierta playa, que estos momentos se ve iluminada por un hermoso atardecer. Me mezclo con la arena, suave y hogareña, que me hace de nuevo sentirme como en casa. Algo comienza a formarse a lo lejos: dos siluetas parecen emerger de la salada agua del mar. Una de ellas, al igual que yo, parece surgir de la propia playa. La otra parece estar formada con el propio líquido traslucido que bañaba la costa. Las figuras son cada vez más y más familiares, hasta que al fin me doy cuenta. Mi padre me sonríe, y se muestra más vivo y feliz de lo que jamás lo ha visto. Y mi madre, la cual siempre había sido un recuerdo lejano, me observa con una mirada tan cariñosa que hace que dos lágrimas se deslicen por mis mejillas. “Ha llegado el momento”- dice mamá- “El momento de volver a casa”.

No se me ocurre qué responder, qué decir…¡tengo tantas preguntas! Pero mi garganta está quebrada, incapaz de emitir sonido alguno, ante la preciosa postal que ante mis ojos se desvela.

- Ya pensaba que nunca te convertirías- me dice papá.
- ¿Lo sabías? ¿Todas estas semanas…?
- …he estado preparando esto, sí- me interrumpe papá, ante mi incapacidad de articular una frase completa- Me reuní con tu madre, como llevo haciendo estos años y le informé que, al fin, la adolescencia había desvelado tu auténtica naturaleza. Que al fin podríamos volver a casa. Juntos.

Por eso esos sentimientos. Este mundo, la superficie áspera y dura, no es mi verdadero hogar. Mis emociones tenían sentido. Era real. Lo que sentía al venir a la playa era real. Este es mi hogar.

- Vamos a casa.- dijo mamá.

Y los tres nos deshacemos en el aire, dejándonos llevar al eterno océano, con la marea rozándonos el rostro y sumergiéndonos cada vez en las profundidades de lo que por primera vez en mi vida, podía llamar hogar.


miércoles, 19 de marzo de 2008

A Través del Cristal

- Deberías hacerlo hoy- le dijo Lucía, interrumpiendo el tan agradable masaje matutino que había despertado a Tom con una sonrisa en los labios.

Hasta aquella semana, Tom nunca había visto tanta extrañeza en el comportamiento de Lucía. Bien es cierto que no se conocían desde hace mucho tiempo, pero ambos habían conectado de una manera tan especial que a Tom le parecía inconcebible pensar mal de la que desde hacía un par de semanas era su nueva compañera. Conocía lo básico de su pasado: de familia pobre, pasó gran parte de su infancia en la casa de un familiar cercano situada en las afueras. Su persistencia y sus ejemplares resultados académicos le habían proporcionado numerosos premios y becas que le servirían de ayuda para continuar con sus estudios y a conseguir un buen trabajo en la capital.

Hasta que conoció a Bruce.

Durante una buena época, Bruce se convirtió en el centro de su vida, llegando a dejar a un lado casi todo lo demás. Aún a estas alturas, Lucía conservaba numerosos recuerdos de aquella época: fotos de ella y Bruce disfrutando de picnics de fin de semana, en la piscina de la casa de él, o simplemente de ellos dos viendo la televisión. Incluso Lucía le había comentado a Tom que durante esos años, ella no dejaba de fantasear conque formaría con Bruce la familia perfecta, con sus dos o tres hijos, su mascota, y que acabarían envejeciendo juntos en una casita en la playa, alejada del mundanal ruido. Pero la realidad le reservaba a Lucía un cruel giro en los acontecimientos.

Como cualquier suceso doloroso, ocurrió en una tarde gris y lluviosa, que predecía el punto de inflexión que atravesaría la vida de Lucía. Mientras esperaban el comienzo de la película en una gigantesca e impersonal sala de cine, Bruce había decidido ir a los servicios. Cuando su ausencia empezó a alargarse más de lo normal, Lucía decidió comprobar si todo iba bien. Si eso fue un error o un acierto estaba todavía por determinar en estos días. Ahí estaban, Bruce y una total desconocida haciendo sentir a Lucía como la persona más estúpida del mundo, dejándola rota como una muñeca de trapo. Así fue como él la encontró, perdida…

- ¿Me has oído?- cortó Lucía el profundo ensimismamiento en el que Tom se había sumergido.

- ¿Estás segura de que esto es lo que…?

- ¿Me quieres?- volvió a interrumpirle ella.

- Claro, por supuesto, ¿qué clase de pregunta es esa?- contestó Tom con asombro- Pero te insisto tanto porque lo que me estás pidiendo es algo…irreversible.

- Si te insisto es porque nunca volveré a ser la misma si no lo haces ya. Lo necesito Tom. No te lo pediría si estuviera totalmente segura de lo que supone.

- De acuerdo. Esta noche todo se solucionará. Te lo prometo- Y con un beso en los labios, cerró los ojos para tener un último descanso antes de que esa noche su vida cambiara por completo.


Las 10 de la noche. Tom miraba a través del cristal la piscina donde Bruce dormía plácidamente, tumbado en una hamaca aparentemente incómoda. Se acercó a él, levantó la pistola, apuntando al pecho del joven y disparó, apretando repetidamente el gatillo hasta que el cargador se vació por completo, arrebatando así la vida del cuerpo del ex-novio de Lucía, como así ella se lo había pedido. Aterrorizado por la visión de lo que acaba de hacer, Tom salió como alma que lleva el diablo de aquel lugar, dejando atrás las llaves que Lucía le había dejado para entrar en la casa, numerosos casquillos, y un reguero de sangre y muerte imposible de ocultar. Arrancó el coche y salió de la ciudad sin pensar en otra cosa que en huir lo más lejos que su vehículo le permitiera. Así, al borde de un acantilado, Tom se detuvo. El coche no daba para más, y él tampoco. Su mente y su cuerpo ya no respondían. Sólo quería sentarse delante de ese vacío inmenso y esperar a que lo inevitable ocurriera. No quería huir más. Sólo asumir los hechos.



La policía llegó al lugar una vez había amanecido. Encontraron al joven de pie, impávido, con la mirada perdida. Ropa ensangrentada, pistola con las huellas que coincidían con las de las llaves encontradas en el apartamento del cadáver, declaraciones acusatorias de vecinos…No fue difícil que el juez condenara a Tom a pasar el resto de sus días entre rejas. Y de Lucía ni rastro, ni una noticia, ni una visita ni nada. Meses y meses entre 4 paredes, hasta que el guardia le dijo, con su tono desganado y habitual, que habían dejado una carta para él. Era de Lucía, todo en esa carta lo demostraba: su letra, su manera de expresarse, incluso su aroma…menos lo que la propia carta decía. En ella, Lucía le agradecía enormemente a Tom su estupidez al no delatarle como cómplice, aunque realmente hubiera sido ella quien había asesinado a Bruce, envenenando su bebida después de haber conseguido entrar a hurtadillas en su casa. Cada palabra acuchillaba el corazón del joven como si fueran cristales rotos: todo había sido una trampa urdida entre ella y la “total desconocida” para deshacerse de la persona que tanto daño les había causado a ambas. Así que buscaron a un pardillo que les hiciera el trabajo sucio, alguien manipulable que fuera totalmente desechable…

Los gritos de Tom se perdían en los recovecos de la prisión. Sus lágrimas empapaban el doloroso papel…