sábado, 20 de diciembre de 2008

Entimani a la Svizzera:

Es viernes, tempranico, te levantas con la fresca, que hoy resulta no ser nadie en concreto. El despertador de tu móvil italiano no deja de martillear. Son las 6 de la mañana. No hay clase. ¿Y qué narices tenía entonces que hacer yo?


Ah Suiza, es verdad. Suiza.

Te arreglas con el modo-zombie activado, coges la maleta que has hecho ayer después de la clase de italiano, y sales afuera, al frío. El tren pasa en un suspiro, llegamos a la que se ha convertido en nuestro lugar milanés más pisoteado, Porta Garibaldi, y el metro nos lleva hasta Loreto. Aún no son las nueve y media, tienes tiempo de desayunar algo. Todavía queda tiempo.

Porque las nueve y media es la hora que te han dicho para estar en Loreto los organizadores del viaje Erasmus a Suiza, y por el que has pagado 160 euros. Aunque de momento no parece haber ningún signo de vida inteligente (tampoco lo hubo después, éramos Erasmus), decides ir con tus compañeros al punto de reunión. Allí se empieza a formar ambiente guiri, del que tú también formas parte. Conoces a Juan, un agradable chico ecuatoriano que seguirías viendo a lo largo del viaje. Unas horas después, con mucho retraso, el autobús acaba poniéndose en marcha, hasta arriba de estudiantes inmigrantes con ganas de parranda. Son tres horas en las que disfrutas con la transición de un paisaje frío e invernal como el de Milán a LA NIEVE, con mayúsculas, de los parajes suizos. Al llegar al destino, un hotel situado en Celerino, un pueblo a 10 minutos de St Moritz, no puedes ver más que blanco por todas partes. En Seregno has podido ver algo de nieve, pero nada comparable a esto. Todo está cubierto, el manto blanco no ha dejado ni un trozo a la intemperie. En el hotel arreglamos el típico papeleo y nos juntamos los 9 que compartiremos habitación. Una vez te asientas en tu cama, sales con Locke y Matías a reconocer un poco el terreno, a sacar las fotos de rigor y a pasar frío como los tontos. Al rato, te juntas con un grupo un poco más amplio y compruebas que lo de esquiar vas a tener que dejarlo para otra ocasión, por más que St Moritz sea una de las mejores estaciones de esquí de Europa: lo que has pagado hasta ahora es únicamente la estancia en el hotel y el transporte, lo que quiere decir que el acceso a las pistas, los esquís y demás te lo tendrá que pagar El Cobra, porque lo que son ellos no te van a dar ni para pipas. Como no has traído ropa para esquiar, y sabes que si te caes te mojas de ley, optas por rendirte ante lo inevitable: esta no es tu oportunidad para esquiar, así que búscate un plan alternativo o vas listo.



Por la noche se tiene prevista la primera fiesta, en la estación de St. Moritz, o sea que no te queda otra que pagar el pase a pista, aunque no la vayas a catar. A las nueve de la noche estás montado en el teleférico, dirección arriba y más arriba. Allí conoces a los que completarían a la postre el grupo de no esquiadores: Antonio y Álvaro, residentes en Piacenza, y con gran tendencia a la fiesta, y Berta, valenciana con fama de juerguista entre algunas, aunque realmente no lo sea tanto. Tomas algo mientras la charla se torna cada vez más agradable. Así, entre charlas y bailes se hace tarde y toca pillar el bus de vuelta. Al día siguiente toca improvisar. Mi suela hace flop al llegar a la habitación.

Despiertas en tu litera, al lado de Locke. Hace un calor horrible, a alguien se le ha ido un poco la mano con la calefacción, porque así no hay quien se cubra con una simple sábana. Vas a las duchas comunes, no ves nada que no hubieras visto ya (esperas ver alguna malformación de esas que se dice que se pueden ver en los lavabos públicos) y al ponerte la bota te das cuenta: la suela de tu bota izquierda está suelta, despegada, es incomodísimo caminar con ella. Algo tendrás que hacer. Bueno, al menos dicen que hay desayuno gratis. Bajas a recepción a contemplar semejante derroche: la recepción es un mostrador enorme de Molino Bianco, y lo que más abundan son barritas de fibra; barritas que ya estaban cuando llegamos, y que desde ese momento serán lo primero que veamos todos los días al bajar de la habitación. Nos reunimos el grupo de “no esquiadores” ya conocidos (Berta, Entiman, Locke, Antonio, Álvaro y Juan), a los que se unen Raquel, a quien eso de esquiar por primera vez no le ha ido muy bien, y Omar. Desde ahí, pateáis hasta St. Moritz. Realmente no es tanto, aunque parezca más durante el recorrido, porque vamos semi-improvisando. Bueno, bonito y extremadamente caro son los adjetivos que definen el pueblo. Coches caros, tiendas caras, paisajes navideños que sólo has visto en postales y pelis de Tim Allen…Buscas botas, pero no encuentras. Tomáis algo y cuando va anocheciendo volvéis al hotel bajo unos irónicamente agradables menos nueve grados. Decides al fin comprarte unas botas, más que nada porque el día siguiente es domingo y sabes que no verás nada abierto. Por 100 francos te agencias unas Timberland que han resultado ser todo un descubrimiento. Como lo es el descubrir que, tanto las cenas como las fiestas erasmus no son gratis. No gracias, no te sobra el dinero, la fiesta de hoy te la puedes ahorrar. En vez de festejar, te quedas jugando a las cartas, la noche pasa borrosa. Los recuerdos se mezclan. Los lobos esperan.




Al día siguiente me levanto mejor de lo que pensaba. Ducha, fibra y a preparar las piernas, que te espera una jornada legendaria. El grupo decidimos ir al pueblo del al lado, para ver qué tiene de aprovechable. Durante el trayecto, Omar se revela como un experto y traicionero lanzador de bolas de nieve, motivo por el cual nos vemos obligados a responderle de la misma manera.

- ¡Hola señor! ¿Sabe qué podemos ver por aquí- preguntamos nada más llegar al primero que pasa.
- Oh, pues hay un glaciar muy bonito a un rato caminando.
- Ah, bien. Gracias.

Emprendemos el viaje, por un sendero rural para esquiadores de fondo y otras criaturas igual de carnívoras pero más peligrosas. Carteles nos avisan de tener cuidado con los lobos, osos y demás bichardos que por allí campan a sus anchas. Caminamos y caminamos. Perdemos a Berta por el camino. Siete kilómetros después llegamos a … un hotel-restaurante. Son las cuatro y poco, y en un momento comenzará a anochecer, así que pasamos de caminar 2 kilómetros para ver un glaciar y volvemos. Lo noche nos pilla de camino, vemos siluetas con las que bromeamos diciendo que son lobos, pero no son más que ciervos, o cabras, o cualquier otro sucedáneo con cuernos. Otros siete mil metros más tarde llegamos a la parada, pillamos el bus y volvemos al hotel. Queda una última fiesta, que ha de se aprovechada, aunque cobren. Pagas lo que piden y estás allí un rato, escuchando simulacros de música y bebiendo bebidas que avivan la sed. El camino de vuelta es tranquilo, aunque oscuro. Llegamos tarde, y medio muertos. La cama te llama de manera poderosa.



Se acaba la nieve. El lunes sales con el grupo a ver lo poco que te ha quedado por ver de St Moritz, arreglas del todo la maleta, compras algún souvenir (pensad en las cosas típicas suizas y acertaréis), comes algo, intercambias mails y teléfonos, al bus de nuevo, te despides de la gente con esperanzas de verlos otra vez y p’al tren, que ya es tarde. 4 días de nieve a lo bestia. 4 días que en tu cabeza parecen muchos más que 96 simples horas. De ley que hay que volver a Suiza. Si además, está ahí al ladito. Al menos para ti.

10 comentarios:

Las Entidades dijo...

Entigitl: Lo dicho,si es que no se le puede dejar solo...xDD

Osukaru dijo...

Tranquila, se está dando el moco de que se ha ido a la nieve, pero imágenes/postales de esas hay en el google por un tubo. Realmente se ha quedado en casa haciendo el asco mientras se inventaba algo para escribir y bajar las imágenes de la red... No ves que no sale en ninguna foto (por no salir, no sale nadie!).

Lo dicho, no se le puede dejar solo!.

;)

Dark Phoenix dijo...

debo reconocer que, a primera vista, me había parecido leer "Entimani a la sandwichera".

Lo sé, estoy mu mal de lo mío. Pero no me digáis que podría haber sido eso, mal escrito, sí... XDDDD

pues yo... yo no he ido a la nieve!! pero en mi pueblo tenemos feria medieval y de artesanía!! y.. y... y... y hace mucho frío!!! y tenemos paja por el suelo de la calle!!!

XDDDD

Thor dijo...

Y...y....y...¡yo tengo una nevera con mucho de eso!

Jopetas(O "recáspitas"),la envidia me corroe...

Mike Lee dijo...

¡Increíble!
Por cierto, Entis, os he dejado una sorpresita en mi blog, que os lo habéis ganado ;)

Gaby dijo...

Siento envidia.... pero sobre todo mucho frio (hermosas fotos, pero solo de pensar en tener que ir al baño con tanto frio... bueno, pues como que me consuela de nunca haber visitado Suiza. :)

Carolina Bensler dijo...

Qué preciosidad!! Pero no me das envidia, que yo también he estado por parajes parecidos xDDD.

A ver si cuento la crónica de este fin de semana pasado ^^.

Un besote!!

- YOGUR - dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
- YOGUR - dijo...

FELIZ NAVIDAD, par de dos! ;P

Que lo paséis genial estos días! :D

Un abrazO!

Carolina Bensler dijo...

Ay sí, eso... FELIZ NAVIDAD!!